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viernes, 29 de noviembre de 2013

ENTREVISTA A MARK Y ELIZABETH JOSEPH-SERRA, LA CULTURA QUE HONRA...


Entrevista a Mark y Elisabeth Josephs-Serra, "La Cultura Que Honra".

“El hombre sana su herida cuando puede pedirle a la mujer que le enseñe a abrir el corazón”.

Mark Josephs-Serra, “Joseph”, y Elisabeth Josephs-Serra son dos caminantes con amplio recorrido en el ámbito psicológico y emocional. La evolución vivida a lo largo de los años en sus respectivos senderos de crecimiento personal les llevó un día a confluir en La Cultura que Honra, un proyecto en el que ambos viven entregados en cuerpo y alma y que pone sobre la mesa una cuestión clave que todos llevamos dentro pero que aún pocos se atreven a afrontar con suficiente conciencia y seriedad: la urgente necesidad de sanar el desequilibrio que afecta tanto a la masculinidad como a la feminidad. Un reto que, según ellos, no podemos afrontar solos, sino que debe apoyarse en “la comunidad”, que es como denominan a los grupos de individuos que ya han despertado y que están dispuestos a compartir su exploración y a sostenerse mutuamente para ir edificando con fuerza las bases del cambio social.

Después del machismo agresivo y de la frágil amabilidad que simbolizan, respectivamente, el concepto de “primer” y “segundo” hombre, acompañado de la sumisión y lucha/rebeldía que históricamente ha caracterizado el rol de la mujer respecto a lo masculino, Joseph y Elisabeth apelan ahora a la llegada del “tercer hombre” (una digna combinación de la fortaleza del primero y la sensibilidad del segundo) y también al resurgir de una nueva mujer, que pueda por fin desprenderse de la opresiva influencia del patriarcado para reconocer y abrazar sin reservas su gran poder esencial. Un proceso que, en definitiva, no es más que el reequilibrio íntegro y armónico de los dos polos energéticos que ya tenemos todos. Y para llevarlo a cabo, ambos nos proponen enrolarnos en viajes iniciáticos (para hombres y mujeres) que van un paso más allá que la mayoría de terapias de corte convencional al remover, sacar a la luz y transformar realmente profundas heridas y dolores ancestrales, permitiendo transitar sin rodeos y con los ojos bien abiertos el fuego creativo que, una vez liberado, más que quemar, purifica.

Para empezar, ¿cómo os gustaría definir vuestro proyecto?

Elisabeth: Como una manera de afrontar la crisis relacional que estamos sufriendo a todos los niveles; personal, social, económico, político, ecológico, espiritual… Y que no deja de ser un reflejo del desajuste que venimos arrastrando desde hace más de 4.000 años, en los que el polo energético masculino, simbolizado por el poder, ha ejercido una gran dominación sobre el femenino, simbolizado más por el amor. Estamos intentando ayudar a reequilibrar este desajuste, que se encuentra en el interior de cada individuo, ofreciendo un trabajo a nivel personal que pueda tener también un efecto a nivel colectivo y social. La solución a nuestros problemas, fruto de esta distorsión comentada, no hay que buscarla fuera; está en nuestro interior y sólo hay que ayudar a destaparla… Se trata de un proceso de sanación mucho más emocional que mental. Actualmente estamos subdesarrollados como individuos y el gran torrente de creatividad, de auténtica fuerza vital que yace en nuestro interior, está esperando a ser liberado. Si algún día logramos equilibrar colectivamente nuestro campo energético masculino-femenino, todos los desajustes que sufrimos se armonizarán por la fuerza de la vida.

Joseph: Así es. El gran objetivo no es otro que reencontrar el centro masculino y femenino, y para ello, intentamos dar una serie de “mapas” que ayuden a superar todo el condicionamiento personal y colectivo que llevamos arrastrando para poder aprender de nuevo. En este proceso, damos mucha importancia al trabajo en comunidad y solidario, por nuestra experiencia, mucho más efectivo que la terapia únicamente de pareja. Poder hablar y expresarse delante de otros hombres y otras mujeres nos ayuda a vernos reflejados y a comprender con otros ojos lo que en el fondo nos ocurre a todos.

¿Detrás de la actual crisis de valores se esconde la crisis del patriarcado?

Elisabeth: La gran represión que se ha venido ejerciendo sobre lo femenino, simbolizado no solamente por la mujer, sino también por la naturaleza, el mundo interior, lo salvaje… no ha sido otra cosa que la represión de lo emocional y relacional. Este reflejo lo tenemos en cualquier estructura de poder; política, económica, religiosa… y también en los actuales patrones de relación social. Todo ello es una expresión de la dominación-control que se ha venido ejerciendo sobre el campo amoroso-emocional. Es evidente que el hombre, sintiéndose menos, se ha ido quedando cada vez más encerrado en su férrea estructura mental, haciendo oídos sordos a la llamada para rescatar lo femenino que ha venido ejerciendo la mujer, y también últimamente, la vertiente más ecológica y espiritual. El profundo engaño que se ha venido gestando a nivel lógico-mental para no escuchar nuestra conexión emocional innata, en el que también han caído muchas mujeres, ya no se puede sostener por mucho más tiempo…

¿La confrontación entre lo masculino y lo femenino parte del miedo de lo masculino a la dominación?

Elisabeth: Sin duda, el patriarcado surge básicamente por el sentido de inferioridad respecto a la mujer, con su indiscutible poder primario de engendrar vida… Este sentido de poder de la mujer tuvo que ser destruido para que el hombre pudiera sentir su valor personal. Hay que tener en cuenta que el término matriarcal no es sinónimo de dominación, sino que se asocia más bien a comunidad, igualdad… Por tanto, el hecho de que el matriarcado fuera una amenaza para el hombre no era más que una fantasía. Con esto no estamos diciendo que el hombre sea malo, sólo que al no tener útero, no tiene una conciencia tan directa del pulso de la vida, del contacto directo con la madre tierra, y su tendencia es a irse más hacia arriba, perdiendo visión de la conexión. La mujer puede ejercer de nexo de conexión, pero el hombre, al haberse ido desconectando tanto, no se fía…

Tan preocupados en rescatar bancos y tan poco en rescatar la energía femenina…

Elisabeth: En efecto, todo está muy relacionado. El “rescatar” del que tanto se habla ahora es muy masculino; una forma de buscar soluciones sin sentir… Incluso las mujeres, para no sentirse tan oprimidas y vulnerables, se han ido desconectando progresivamente de su auténtica naturaleza interna, volviéndose cada vez más masculinas. Mi trabajo consiste, principalmente, en ayudar a las mujeres a no tener miedo a vivir según su condición ni tampoco a ejercer de espejo desde su poder auténtico, algo que, por otro lado, es sumamente difícil cuando delante tienes a un ejército de hombres-orcos enrocados en una energía masculina desbocada que aún siente el reflejo de la feminidad no sólo como una amenaza, sino también como una violación. En el fondo, esto no es más que una protección ante la vulnerabilidad…

¿Tiene antídoto esta protección?

Elisabeth: Aún no nos hemos dado cuenta de que detrás de la vulnerabilidad está el amor, y que sin amor, no es posible la transformación. Y hablamos de amor, no como sexo, sentimentalismo ni romanticismo, sino como una fuerza, íntima y feroz, capaz de desgarrar todo aquello que no está conectado. Aún hay muy pocos hombres dispuestos a desprenderse de sus estructuras y sentirse rotos, aunque una vez rotos es cuando descubren su auténtico poder… Necesitamos que cada vez haya más hombres y mujeres conectados, que hayan superado el miedo a sentir, para poder tender la mano al resto, asumiendo las resistencias que se van a encontrar ante la incomodidad que va a suponer para muchos el verse expuestos…

Cuánto trabajo aguarda a los hombres…

Joseph: Para saber recibir la energía femenina, la energía masculina tiene que encontrarse primero equilibrada, en su sitio. Está comprobado que si el hombre no está centrado dentro de su poder masculino, la tendencia será a ponerse defensivo… A diferencia de los hombres, las mujeres tienen una tendencia innata, muy fácil, para reunirse y conectarse. Una tendencia que se ha visto debilitada, por extensión, a raíz de la gran fragmentación existente entre lo masculino, tal y como evidencian todas las guerras y conflictos, que se han centrado en condenar diferencias de cualquier tipo. Por mi parte, trabajo para intentar restituir el concepto de comunidad de hombres, que implica el volver a verse simplemente como hermanos, fomentando la exploración profunda y el apoyo mutuo para sanar las heridas que arrastramos y poder responder después, adecuadamente, a la llamada de lo femenino.

Los apegos a los modelos imperantes parecen aún tan fuertes como las defensas emocionales… ¿Está verdaderamente preparada la sociedad para reconciliar a nivel profundo la masculinidad y la feminidad?

Elisabeth: El hecho mismo de que simplemente se pueda plantear esta pregunta ya es un indicio importante… No obstante, desde que se inicia, cualquier proceso con implicaciones profundas, como en su día fue el derecho de voto para la mujer o el reconocimiento de los derechos humanos para la población negra, tiene una dimensión multigeneracional y requiere tiempo. Sea como sea, considero urgente que le demos cabida, de una vez por todas, al amor verdadero, y si puede ser esta misma tarde, mejor no esperar hasta mañana… Y en esto, la mujer tiene un papel fundamental.

¿Cuál debe ser su responsabilidad?

Elisabeth: Es fundamental que las mujeres conscientes se atrevan a superar sus miedos ancestrales para ponerse delante de los hombres que están en búsqueda de su centro y puedan confrontarles cada vez que estos se desvíen y evidencien sus resistencias, también ancestrales. El miedo del hombre a lo emocional y a la mujer aún es tremendo… Y las mujeres, por su parte, siguen necesitando a los hombres pero cada vez se resignan menos a verse utilizadas… Sin duda, el proceso es agotador, porque los hombres no dejan de defenderse y dudar constantemente cuando se les plantea dar un paso adelante, pero lo realmente importante es que no dejemos de interactuar con conciencia, por mucho dolor que esto pueda generar. Nosotras no tenemos que dejar de insistir, en conexión profunda con nuestras entrañas y nuestro útero, así es como lograremos crear la masa crítica necesaria para que algún día se pueda llegar a producir un verdadero cambio a gran escala.

Hombres y mujeres, sufrimos hoy las consecuencias de una historia compartida de heridas y culpabilidades no reconocidas…

Joseph: Todos los hombres somos hermanos y hemos sufrido también las consecuencias del patriarcado aunque no lo sepamos. Es evidente que lo femenino tiene que resurgir porque ha sido lo que más se ha reprimido, pero también los hombres nos tenemos que ocupar de recuperar numerosos aspectos que se han visto distorsionados, como ocurre por ejemplo con la sexualidad; ver a la mujer como un simple objeto, también nos ha convertido en objetos a nosotros mismos, quedándonos en el fondo profundamente vacíos, alienados y sin poder sentir. El poder del patriarcado se ha asociado al hombre machista, y nuestro objetivo es encontrar un poder masculino mucho más digno y equilibrado, como lo podían vivir, por ejemplo, los indígenas americanos. De pequeños nos han arrebatado el sentido de la espiritualidad y nos han convencido para no sentir, generándonos una tremenda confusión en aspectos tan importantes como el amor, el poder, el sexo…

Elisabeth: Para entender el peso que cargamos, no hay más que prestar atención a los mensajes que hemos heredado de la tradición judeocristiana. La culpabilidad de la mujer por arrastrar al hombre fuera del paraíso y el consiguiente terror y desconfianza de los hombres hacia lo femenino es brutal y lo llevamos arraigado en nuestro ADN. Además de la reconciliación de la mujer con su poder, la gran herida a afrontar y superar es el miedo del hombre a la conexión con lo emocional que, constantemente, y de forma más o menos indirecta, le recuerda la mujer.

¿Por dónde se empieza, antes que nada, el proceso de sanación?

Joseph: Es muy importante tener en cuenta que para que todo este lío de reestructuración sea creativo y no destructivo, el proceso de exploración y sanación tiene que ir acompañado de una firme voluntad previa, de un auténtico compromiso de alianza entre el ser masculino y el ser femenino…

Elisabeth: Totalmente de acuerdo. Antes de entrar a desatar el proceso de reequilibrio entre las dos energías hay que establecer un contrato consciente entre las dos partes y contar también con un mapa que nos recuerde, a lo largo del camino, que hemos decidido superar nuestros roles tanto de lobo como de cordero para recuperar la dignidad. Actualmente, esta necesidad de reencontrarse y reequilibrarse ya se está produciendo pero aún se vive como un gran lío por la ausencia de un mapa, de estructura y comprensión…

¿Es posible una relación de pareja armónica cuando hay un desequilibrio evolutivo entre los dos miembros?

Elisabeth: La verdad es que cualquier proceso en este sentido es muy doloroso y es muy necesario la presencia, el apoyo y el acompañamiento de otras personas que también estén despertando. Es importante poder compartir y sentirse escuchado. Como considero que será la mujer la que realmente iniciará el cambio, ante situaciones de este tipo le aconsejaría, primero, sobre todo, compasión, y después que pueda aprender a dirigir y sacar toda la carga que está recibiendo por parte del hombre para no caer enferma o tener que salir corriendo de la relación. Y por su parte, al hombre, le pediría valor para afrontar a su lobo; que reconozca que odia y teme a la mujer y a lo femenino, tanto adentro como afuera. Más allá de liberar la rabia acumulada con actividades típicamente masculinas, los hombres tienen que empezar a trabajar conscientemente con ella para reconocer también la vulnerabilidad y darse realmente cuenta de que no por ello son menos.

¿Aguantan demasiado las mujeres?

Elisabeth: Las mujeres filtramos y acusamos mucho, a menudo demasiado en silencio, todas las neurosis que afectan al hombre. Esto hace que exista un síndrome pre-menstrual y que a menudo se nos acuse de vomitar de golpe todo lo acumulado. La cosa aún se puede agravar más con el sexo por en medio; la penetración por parte de un hombre desconectado que vuelca en la mujer su energía mal canalizada resulta nefasto para ella. Mediante el sexo, el hombre siente que puede expulsar toda su basura sin compromiso.


¿Qué conclusiones podéis sacar a estas alturas del camino?

Elisabeth: En general, el balance es muy satisfactorio. Todo el movimiento, la creatividad y la belleza que actualmente está surgiendo en las comunidades del Reino Unido, donde más hemos trabajado, puede ser el mejor ejemplo. También anima mucho ver cómo la gran mayoría de los hombres que se han involucrado están cada día con más ganas de seguir avanzando, sin que las dificultades los desanimen. El lío creativo que rodea todo este trabajo se vuelve fascinante cuando uno se entrega, porque entonces uno se da cuenta de que a pesar del dolor y de los momentos amargos, está vivo, evolucionando y comprometido. El hombre sana su herida cuando supera su orgullo y puede mostrarse humilde para pedirle a la mujer que le enseñe a abrir el corazón; a ser vulnerable sin perder su fortaleza y dignidad.

Esto es lo que puede cambiar el mundo en un segundo, hombres aprendamos a amar, permitiendo que ellas descubran nuestros tesoros escondidos sin averiguar. Escuchemos lo que ellas tienen que decir... Somos uno!!
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