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miércoles, 25 de septiembre de 2013

EL PODER DE LA INTENCION, DR WAYNE DYER


"Una persona que vive en un estado de unidad con la Fuente de toda vida no aparenta ser diferente de la gente corriente. Estas personas no lucen un halo ni se visten con ropas especiales que anuncien sus cualidades divinas. Pero cuando notas que van por la vida como los afortunados que parecen obtener todas las ventajas, y te pones a hablar con ellos, te das cuenta de lo singulares que son comparados con las personas que viven en los niveles ordinarios de consciencia. Pasa algunos momentos conversando con estas personas que ya están conectadas con el poder de la intención y verás lo especiales que son.

Estas personas, a quienes yo llamo conectadores para resaltar su armoniosa conexión con el campo de la intención, son individuos que se han hecho a sí mismos disponibles para el éxito. Es imposible encontrarlos en un estado de pesimismo con respecto a la consecución de lo que desean para sus vidas. En vez de utilizar un lenguaje indicador de que sus deseos no pueden materializarse, hablan desde una convicción interior que comunica su simple y profundo conocimiento de que la Fuente universal suministra todo.

Ellos no dicen: “Con esta suerte que tengo, no puede ser que las cosas se arreglen”. En lugar de eso, es mucho más probable oírles decir algo así como: “Planeo crear esto y sé que funcionará”. No importa cuánto trates de disuadirles advirtiéndoles acerca de todas las razones por las que su optimismo debería mitigarse; ellos parecen estar felizmente ciegos a esas repercusiones “realmente comprobadas”. Parece como si estuvieran en un mundo diferente, un mundo en el que no pueden escuchar las razones por las que las cosas no van a salir bien.

Si te empeñas en hacer que hablen contigo de esta idea, sencillamente te dirán algo así como: “Me niego a pensar que podría no suceder, porque yo atraeré exactamente aquello en lo que piense, por eso sólo pienso en lo que sé que sucederá”. No les importa lo que sucedió antes. No se relacionan con los conceptos de fracaso o imposibilidad. Sin más alardes, a ellos no les afectan las razones que haya para ser pesimistas. Se han hecho disponibles para el éxito, y conocen y confían en una fuerza invisible que es omniprovidente. Están tan bien conectados a la Fuente que todo lo provee que es como si tuvieran un aura natural que impide que nada proveniente del exterior pueda debilitar su conexión con la energía creadora del poder de la intención.

Los conectadores no focalizan sus pensamientos en lo que no quieren porque, como te explicarán, la Fuente de todo sólo puede responder como lo que es, que no es otra cosa que abastecimiento infinito. No puede llevarte a pasar penurias o escasez, ni a cosas que no funcionen, porque no es ninguna de esas cosas. Si yo le digo a la Fuente de todas las cosas, "Esto probablemente no va a funcionar”, recibiré de ella precisamente eso que le envié, de manera que será mejor que no piense en nada que no concuerde con lo que mi Fuente es.

A la persona promedio que tiene temores acerca del futuro, todo esto le sonará a galimatías. Le pedirán a su amigo el conectador que dé un vistazo a la realidad y que, de modo realista, compruebe en qué mundo vive. Pero los conectadores no se desvían de su conocimiento interior. Te dirán, si te decides a escuchar, que este es un universo de energía y atracción, y que la razón por la que tanta gente vive vidas de temor y sufrimiento es porque dependen de su ego para el cumplimiento del sus deseos. Es simple, te dirán. Reconéctate a tu Fuente, y sé como tu Fuente, y tus intenciones encajarán perfectamente con la Fuente omniproveedora.
Para los conectadores todo esto parece muy sencillo. Mantén tus pensamientos en lo que tienes la intención de crear. Permanece sólidamente alineado con el campo de la intención, y busca las pistas que te lleguen desde la Fuente omnicreadora. Para un conectador, sencillamente los accidentes no existen. Perciben los sucesos aparentemente insignificantes como si hubiesen sido orquestados en perfecta armonía. Creen en la sincronicidad y no les sorprende que aparezca la persona perfecta para una situación dada, o que alguien en quien hayan estado pensando de pronto les llame, o que un libro les llegue de improviso en el correo trayéndoles la información que necesitaban, o que aparezca misteriosamente el dinero necesario para financiar un proyecto que han estado planeando.

Los conectadores no intentarán convencerte de su punto de vista con argumentos. Saben hacer algo mejor que poner un montón de energía en discutir o en ser frustrado, porque eso atraería discusiones y frustraciones a sus vidas. Ellos saben que saben, y no les seduce construir una fuerza opositora de resistencia hacia la gente que vive de otra manera. Aceptan la idea de que los accidentes no existen en un universo que tiene como Fuente una fuerza energética invisible que continuamente crea y proporciona un suministro infinito a todo aquel que quiera abastecerse de ella. Si les preguntas, te lo dirán simple y claro: “todo lo que tienes que hacer para llamar al poder de la intención es permanecer en perfecta alineación con la Fuente de todo, y yo he elegido permanecer tan estrechamente alineado con la Fuente como me sea posible.”

Para los conectadores, todo lo que aparece en su vida está ahí porque el poder de la intención así lo planeó. Por eso siempre están agradecidos. Se sienten agradecidos por todo, incluso por cosas que podrían parecer obstáculos. Tienen la habilidad y el deseo de ver una enfermedad temporal como una bendición, y saben en su corazón que, en alguna parte de ese revés, hay una oportunidad, que es lo que buscan en todo lo que surge en sus vidas. A través de su agradecimiento, honran todas las posibilidades, en lugar de pedir a su Fuente las cosas, porque eso sería como dar poder a algo que ya ha desaparecido. Ellos comulgan con la Fuente en un estado de reverente gratitud hacia todo lo que se presenta en sus vidas, sabiendo que esto faculta a su intención para manifestar precisamente lo que necesiten."

Extracto de “El Poder de la Intención" del Dr. Wayne Dyer

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