Seguidores

Mostrando las entradas con la etiqueta ejercicio para reconciliarte con tu yo interno. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ejercicio para reconciliarte con tu yo interno. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de noviembre de 2016

EJERCICIO, RECONCILIATE CON LA ENERGIA DEL DINERO


EJERCICIO, RECONCILIATE CON LA ENERGIA DEL DINERO

Rompiendo votos de pobreza.

Es momento de romper los votos de pobreza y carencia que hayas hecho en tu vida.

ESCRIBE en una hoja la siguiente frase:

” Yo (tu nombre) rompo todos los votos de sacrificio, sufrimiento o degradación que haya hecho en el pasado o en cualquier dirección del tiempo, en mi relación con el DINERO. Y me desligo de todos los efectos negativos de estos votos ahora y para siempre. Yo (tu nombre) me abro a la Abundancia Divina.”


ENCIENDE una velita ya sea de color violeta, o blanca, la que más te guste, y con su flama quema esa hoja. Lanza esas cenizas al aire libre, y decreta: 

“AHORA SOY LIBRE, MI ENERGIA ESTA RENOVADA, EL DINERO ES MI AMIGO, LA ABUNDANCIA FLUYE LIBREMENTE, LLEGA A MI PARA QUEDARSE.” Gracias, gracias, gracias! Hecho esta.


martes, 30 de julio de 2013

RECONCILIATE CON TUS YO's DEL PASADO


Es necesario reconciliarte con tus YO's del pasado, todos guardamos representaciones de nuestros yo’s del pasado.

Son imágenes, o entes etéreos, de diferentes épocas de nuestra vida, y de diferentes estados y vivencias por los que hemos atravesado.

Algunos se sienten en paz, satisfechos, y reposan en la parte del recuerdo y del pasado donde hemos almacenado las cosas de las que nos sentimos complacidos y en paz.

En cambio, con los yo’s de aquellas actitudes y hechos de los que no nos sentimos orgullosos, aquellas de las que hasta negamos la autoría, hacemos dos cosas opuestas: o los dejamos a la vista, les sacamos brillo cada día para que no se nos olviden, nos los restregamos continuamente, sacamos punta a sus espinas y rellenamos el depósito del veneno, todo ello para satisfacer a nuestro masoquista interior, o las escondemos bien escondidas en un lugar al que nos resulta desagradable regresar.

En el primer caso, y si no somos capaces de sacar ningún provecho y sólo nos recreamos de un modo depravado en su repetición regodeándonos en el auto-reproche, el acto es inútil, se vuelve en nuestra contra, mina nuestra Autoestima, nos enfrenta a nosotros mismos, y nos enzarza en una guerra en la que ambas partes son perdedoras.

Por lo expuesto, sería conveniente tomar otra actitud y dejar de insistir en ese castigo maquiavélico y perverso.


En el segundo caso creemos, equivocadamente, que no hablando de ello, negándolo, o tratando de olvidarlo, dejará de molestarnos, se diluirá en el pasado y dejará de pedirnos cuentas. Un error. También.

El que no nos acordemos conscientemente de ello no quiere decir que no nos afecte de un modo inconsciente.

Y no hay que olvidar que el 99% de nuestros actos y pensamientos, se gestan y construyen en el inconsciente o lo inconsciente.

En realidad, latentes y asomándose sólo de vez en cuando, esperan una explicación que les redima del pesar que les apesadumbra al saber que vivieron actos o actitudes que negamos.

Se sienten culpables y sin saber por qué.

Son cosas que hicimos hace tiempo –por tanto no las hizo el yo de hoy sino un yo del pasado- y que se hicieron en su momento sin mala intención y sin mejor conocimiento, por las que nos exigimos responsabilidades como si fuéramos expertos.

Esos yo’s que ahora rechazamos, de los que se arrepiente nuestra conciencia, no entienden que en su momento fueran una decisión nuestra y en cambio ahora sean apestados de los que es mejor renegar. Se sienten traicionados y abandonados.

Mientras, se van alimentando de nuestra Autoestima, y la van minando poco a poco.

Ahora, cuando se pueden asomar a nuestra memoria, dan un zarpazo a nuestro corazón, y nosotros reaccionamos tratando de esconderlos de nuevo en lugar de acogerlos, o de reconocerlos en vez de negarlos, y les condenamos al silencio sin aclaraciones en vez de hablarles para darles una explicación de lo sucedido.

Sus porqués no obtienen respuestas.

Esos yo’s que una vez fuimos, injustamente acusados, buscan reconciliarse de nuevo, quieren hacernos ver que forman parte de las experiencias por las que hemos tenido que pasar, que son parte innegable de nuestro pasado, que necesitan ser comprendidos y acogidos, que no merecen nuestra desaprobación porque no les tocó hacer la parte más agradable, que son yo’s tan nosotros mismos como los otros yo’s a los que ensalzamos.

Una de las formas útiles de reconciliarnos con nuestro pasado, del que somos, no lo olvidemos, responsables únicos, es la que expongo:

Se trata de conseguir una relajación adecuada, en un sitio en el que no vayamos a ser molestados, con bastante tiempo libre disponible, y en el modo que tengamos por costumbre hacerlo.

Una vez relajados, sin ninguna expectativa de lo que “tiene” que suceder –porque si nuestra mente está pendiente de que suceda algo concreto no será una relajación auténtica, y puede que nos estemos “inventando” lo que suceda a continuación-, y sin ninguna prisa –quizás no suceda algo la primera vez o tarde en aparecer, y, además, es conveniente repetir el ejercicio en varias ocasiones porque cada ocasión nos puede mostrar algo más-, y sin permitir que la mente consciente intervenga tratando de analizar lo que está sucediendo –porque si dejamos que una parte del consciente intervenga, entonces no estamos en el lugar del inconsciente al que queremos llegar-, entonces es el momento de observar qué yo va apareciendo, y qué nos cuenta.

Para que sea eficaz, es conveniente no estar pendiente de lo que suceda con una parte de nuestra consciencia que quiera acudir a la relajación para tomar nota de lo que suceda. Porque en ese caso no se alcanzaría el acceso correcto a lo inconsciente, y porque lo importante de este trabajo se produce en el encuentro con los yo’s y en ese nivel, que es donde está el conflicto, y no se elabora en el pensamiento o la razón. No hay que estar pendiente de que no se olvide nada de lo que vaya a suceder. De lo que haya que acordarse, se acordará uno.

La primera regla es que hay que ponerse a la altura física de quien aparezca –si es un niño, hay que agacharse hasta que nuestros ojos estén frente a los suyos-; la segunda es que hay que escuchar lo que nos quiera decir, con palabras o sin ellas, con gestos o con sentimientos, y no hay intervenir hasta que termine. No hay que estar a la defensiva, ni culpabilizar a algo o alguien ajeno –las circunstancias, el destino, los otros, etc.-, sino explicar, en un tono sosegado y de modo que esté a su nivel intelectual, el porqué de aquello que le tocó hacer, o sea, de lo que se hizo en aquel momento.

Las explicaciones, básicamente, son las mismas para todos. “Hiciste lo que creíste que tenías que hacer, o lo que suponías que eras lo mejor, o lo que permitieron hacer las circunstancias, con el conocimiento y la experiencia que tenías entonces. Te lo agradezco igualmente, aunque el resultado no fue el que esperaba. Te acojo con amor en mi vida porque formas parte de mí”. El texto se debe modificar al gusto de cada uno, porque si uno se habla con palabras que no son suyas, o de un modo que no es habitual, el yo puede creer que no hay sinceridad.

También es interesante tener unas preguntas preparadas, para ver si se puede conseguir respuestas que nos clarifiquen alguna duda.

Cuando se termine “la conversación”, cuyo final no hay que precipitar para que quede perfectamente resuelto, hay que ofrecer un abrazo al yo, y si lo acepta, podemos dar el asunto por resuelto.

Si acepta el abrazo, que sería lo lógico, conviene que sea muy real, que lleve todo el amor que seamos capaces de transmitir, que sea lo más sincero que hayamos hecho en nuestra vida, y si notamos que nos abraza con la misma pasión que nosotros ponemos, o captamos una sonrisa, un asentimiento, una relajación en su gesto, una palabra que nos lo confirme, entonces es momento de disfrutar el abrazo, de saborear la reconciliación, y entonces es cuando hay que apretar más el abrazo, hasta que el yo se integre en nosotros y pase a formar parte indisoluble de nosotros, dejando de ser un ser etéreo que vaga perdido.

Si no lo acepta, tal vez sea porque no se crea lo que le estamos diciendo, así que puede ser que falte sinceridad por nuestra parte, o que esté demasiado resentido. Lo que hay que hacer es volver otro día, para ver si se ha ablandado y ha comprendido nuestra intención y voluntad.

En cualquier caso, cuando tengamos la sensación de que ya está resuelto conviene comprobarlo, haciendo preguntas directas como, por ejemplo: ¿Qué necesitas?, o: ¿Qué puedo hacer por ti?, o: ¿Te queda alguna duda?

Hay otra versión de este ejercicio, que es buscar intencionadamente uno de esos yoes con los que queremos relacionarnos especialmente porque queremos arreglarlo. En ese caso podemos llamarle, o “forzar” un poco, sólo muy poco, la imaginación para que se presente. Y si no llegamos a verle con forma, pero le intuimos, es suficiente. El proceso posterior es el mismo.

No pienses en lo que has leído. Sólo observa si en algún momento durante estos últimos minutos has sentido dentro de ti, de un modo que no necesita explicación, que todo esto puede ser verdad y puede ser así.

En ese caso, y si lo deseas, ponlo en práctica...


jueves, 18 de julio de 2013

PODEROSO EJERCICIO PARA DESARROLLAR EL AMOR PROPIO



Un ejercicio poderoso para desarrollar el AMOR propio.

Jack Canfield, para quienes no lo conozcan es el célebre autor del aclamada serie de libros “Sopa De Pollo Para El Alma”, Jack enseñaba algunos ejercicios para amarse así mismo, que el mismo lo realiza como una rutina diaria en su vida, durante la noche.

Este ejercicio se llama “El Ejercicio Del Espejo”, y consiste en lo siguiente:

Todas las noches antes de irse a la cama, de preferencia después de haber lavado la cara, cepillarse los dientes y ponerse en la pijama, pon un espejo en donde puedas estar parad@ en frente, relajadamente durante unos minutos. Si eres casad@, le puedes pedir a tu compañero que te de unos minutos para ti para estar a solas, porque para obtener los máximos resultados debes de hacer este ejercicio en absoluta soledad. Así que ponte frente al espejo, ya sea del baño o del dormitorio.

Los primeros segundos, contémplate a ti mism@. Lo más probable es que nunca hayas hecho esto antes, por lo que seguramente te sentirás muy incómodo o incómoda, ten la seguridad de que esto es normal, simplemente dirige tu mirada hacia tus ojos y envíate todo el amor y la aceptación que puedas. Mira a tus ojos, tu piel, tu frente, tu nariz, etc. y si estás de pie frente a un espejo de cuerpo entero mira también todas las partes de tu cuerpo. (Si eres lo suficientemente valiente para intentar este ejercicio totalmente desnud@, ¡adelante! Pero no es muy necesario para obtener resultados).



Después de un rato de estar contemplándote dite en voz alta a ti misma: "Te amo" seguido de tu nombre completo. Una vez más, al momento de decirte te amo en voz alta, puede traer sentimientos incómodos. Has lo posible por atenerse sólo a cualquier sentimiento que se presente, ya sea positivo o negativo. Son sólo sentimientos y los puedes aceptar y permitir. Reflexiona sobre tu día, y piensa en cosas en las que estarías orgulloso de ti mismo o misma. Estas pueden ser cosas grandes o pequeñas, el objetivo es encontrar de 5 a 10 cosas que hiciste durante el día. He aquí algunos ejemplos: "Estoy muy orgullosa de mi por comer alimentos saludables." "Estoy orgulloso de mi por haber terminado el reporte a tiempo en el trabajo." "Estoy tan orgullosa de mi por el buen ejemplo que le doy a mis hijos." Reflexiona por aquello en lo que te sentirías orgullos@, La idea es reconocer y apreciar las cosas que lograste durante el día. Una vez más, el objetivo es recordar de 5 a10 cosa que hayas realizado durante el día y en el que te puedas sentir orgullos@

Sin dejar de mirarte en el espejo imagínate que fluye el amor y la compasión hacia ti mismo. Ahora encuentra virtudes que te gusta de ti mismo o misma y reconócelas como parte de ti. Por ejemplo, "Me encanta que tenga unos ojos tan bonitos". "Me gusta que sea un amigo fiel." "Me fascina lo creativa que eres." "Me agrada tono de tu piel." Concentrarte en todas las cualidades que te gustan de ti, en tus características físicas, en tu personalidad. La clave es encontrar cosas de ti que realmente aprecies, ames y reconozcas en tu interior.



Por último, para terminar este ejercicio, mírate profundamente a ti mism@ hacia tus ojos durante unos segundos y luego dite en voz alta por última vez, "Te amo" seguido de tu nombre, y da por concluido el ejercicio.

"Amarse uno mismo significa amar a TODO EL UNIVERSO!."

Como he mencionado anteriormente, esto probablemente los hará sentir incómodos las primeras veces que lo practiquen. Sin embargo, les confirmo que esto es normal y que van a superarlo si siguen practicando. Aquí está el truco: Deben de hacer esto durante 40 días seguidos, sin perder un solo día. Si te saltas un día, tendrán que volver a empezar nuevo. Después de 40 días continuos esto se convertirá en un hábito en tu mente subconsciente, y se darán cuenta lo bien que se siente amarse a sí mismo y estar en armonía con el universo. El mundo les parecerá más amoroso y tendrán más aceptación hacia todo lo que les rodea, y todo les será diferente aunque en realidad es su forma de pensar lo que solamente ha cambiado.

Recuerda:

Tus pensamientos se convierten en tu realidad!