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miércoles, 11 de junio de 2014

LAS HORMONAS DEL AMOR


LAS OCHO HORMONAS DEL AMOR:

Las hormonas juegan en tu cuerpo un papel muy importante y hacen que experimentes el sentimiento del amor. Descubre cuáles son y qué funciones tienen.

Según investigaciones científicas, cuando te enamoras generas sensaciones biológicas y reacciones químicas. Tu cerebro libera neurotrasmisores y sustancias que producen estados de bienestar inexplicables.

Las hormonas del amor:

1. Luliberina, la responsable de las uniones mágicas: es una pequeña hormona cerebral. Su ausencia ocasiona el desapego amoroso. Misteriosamente, existen parejas que son capaces de sostener, más allá de la biología, esos estados de unión apasionada por años; mientras que otras se alejan muy rápidamente, aunque puedan seguir físicamente juntos, es decir, tienen poca luliberina.

2. Testosterona, la que ocasiona menos probabilidad de contraer nupcias: es la hormona masculina, aunque las mujeres también la producimos en menor cantidad. Es la hormona que más se opone a la dulzura y a la expresión del afecto. A más testosterona, menor probabilidad de que él se quiera casar, incluso puede haber violencia intrafamiliar. En invierno se reducen los niveles de testosterona, en primavera aumentan y con ello, incrementa el deseo sexual.

3. Estrógeno, la causante de que te sonrojes: cuando te enamoras, se eleva la cantidad de esta hormona. Es responsable del rubor en tus mejillas al hacer el amor. Hay quienes dicen que proporcionan una piel de durazno y cabellos de seda. Los estrógenos provocan cambios en el moco cervical y hacen que los espermatozoides penetren más fácilmente.

4. Serotonina, la que produce placer: es una especie de droga ideal, secretada por tu cerebro y que te hace más optimista, es la hormona del placer.

5. Occitocina, la que estimula el deseo de protección: se segrega en el parto y durante el orgasmo, se asocia a un nivel mayor de felicidad y a la vez, estimula tu deseo de proteger a otra persona, propicia el apego a tus hijos y a tu pareja. Es la responsable de la excitación inicial, originada por las caricias amorosas.

6. Feromona, la que provoca que hagas el amor con mayor frecuencia: si el olor o la mirada de alguien te atraen, es por las feromonas, las causantes del fenómeno de la atracción mutua. Si haces el amor con frecuencia, seguramente tienes una gran cantidad de ellas. Incluso, se ha pensado en la posibilidad de venderlas encapsuladas, para resolver problemas de impotencia, frigidez y frustraciones sexuales. También indican la disponibilidad del otro a “enamorarse” y a mantener relaciones sexuales.

7. Endorfina, la que te brinda seguridad y felicidad en el amor: la presencia constante de un compañero hace que aumente la producción de endorfinas. Dan a los enamorados una sensación de seguridad, de paz, de alegría y de sosiego. Funcionan como la morfina, serena la mente y disminuye tu ansiedad. Estas hormonas son tranquilizantes naturales y son las culpables de que termine la pasión de los primeros tiempos.

8. Vasopresina, la que genera la responsabilidad en pareja: se activa en los hombres después de eyacular y los vuelve más responsables con la mujer.

Las endorfinas surgen cuando realizamos actividades agradables. Son hormonas del placer que se producen en distintas circunstancias, por ejemplo, cuando realizamos actividad física, especialmente aeróbica. Su estructura química es parecida a la morfina, es decir, disminuye el dolor, tiene efecto sedante.

¿Cómo andan tus endorfinas? Si no te sientes feliz hace mucho tiempo o te cuesta disfrutar de la vida, quizás tus endorfinas estén bajas. Se cree que cuando comenzamos a generar dosis extras, aumenta el amor por la vida. ¿Quieres ser más feliz?

Busca a estas moléculas de felicidad:

-Visualización: 

Si piensas en algo muy agradable para ti durante algunos minutos, como un viaje, un recuerdo amoroso, momentos familiares, instantes graciosos, memorables, seguramente nacerá una sonrisa en tu cara y hasta cambiará tu ánimo. Da gracias a las endorfinas por aparecer. Así que comienza a visualizar situaciones positivas diariamente, recuerdos o tus sueños más “imposibles”. Quién sabe, quizás aparte de las endorfinas, la Ley de la Atracción haga su efecto.

-Sexo: 

Desear, ser deseados, besar, sentir la piel de otro ayuda a reducir tensiones, y si amamos a esa persona, mejor aún. Estimula el olfato, oído y tacto.

-Meditación: 

Se ha comprobado que las personas que meditan logran mantener a raya el estrés, la ansiedad, y al contar con minutos para vaciar la molesta mente, se ve todo desde otra perspectiva. Cierra los ojos, respira con calma unos minutos e intenta dejar pasar tus pensamientos como una nube.

-Mascotas: 

Está comprobado que tener una mascota en tu hogar ayuda a liberar tensiones, nos contacta con el amor incondicional, así que abrázalos y pasea con ellos siempre.

-Ejercicio: 

Los especialistas determinan que realizar deporte 4 veces a la semana es ideal para mantenerse sana, física y mentalmente. La idea es realizar ejercicio aeróbico por más de 30 minutos, como correr, spinning, baile, pero también ejercicios de fuerza, como pesas. Si no tienes tiempo o no quieres, sal a caminar a paso rápido. Después del ejercicio está comprobado que te sentirás más feliz.

-Alimentación: 

Lo más importante es que disfrutes de la comida, apreciando sus colores, formas y aromas, junto con alejarte de la comida chatarra y acercarte a la comida sana. “Que tu alimento sea tu medicina”, recuérdalo. Las proteínas son importantes, así que consume pollo, pavo o pescado. También las frutas (especialmente cítricas, ricas en vitamina C, como la naranja), vegetales, cereales integrales y miel. El chocolate y los alimentos picantes estimulan la producción de endorfinas. Ojo con las calorías, que después viene la depresión por sobrepeso.

-La música: 

Opta por la música que más te guste (ojalá no sea muy melancólica), porque esta experiencia sensorial cambia nuestro día, nos hace viajar y si cantamos, ¡mucho mejor!

-Ríe: 

Mejora la respiración, libera tensiones, disminuye arrugas y, además, produces endorfinas. Intenta mirar noticias positivas, películas divertidas, lee literatura motivante y sal con tus amigos o familia cada cierto tiempo para llorar, pero de risa. Es solo una cuestión de actitud.

Haz lo que quieras: ¿Te gusta tejer, cocinar, leer, bailar, cantar? Date un gusto y hazlo seguido porque, cuando sabes que haces algo bien o lo disfrutas al máximo, sube tu autoestima y las endorfinas.

martes, 30 de julio de 2013

RECONCILIATE CON TUS YO's DEL PASADO


Es necesario reconciliarte con tus YO's del pasado, todos guardamos representaciones de nuestros yo’s del pasado.

Son imágenes, o entes etéreos, de diferentes épocas de nuestra vida, y de diferentes estados y vivencias por los que hemos atravesado.

Algunos se sienten en paz, satisfechos, y reposan en la parte del recuerdo y del pasado donde hemos almacenado las cosas de las que nos sentimos complacidos y en paz.

En cambio, con los yo’s de aquellas actitudes y hechos de los que no nos sentimos orgullosos, aquellas de las que hasta negamos la autoría, hacemos dos cosas opuestas: o los dejamos a la vista, les sacamos brillo cada día para que no se nos olviden, nos los restregamos continuamente, sacamos punta a sus espinas y rellenamos el depósito del veneno, todo ello para satisfacer a nuestro masoquista interior, o las escondemos bien escondidas en un lugar al que nos resulta desagradable regresar.

En el primer caso, y si no somos capaces de sacar ningún provecho y sólo nos recreamos de un modo depravado en su repetición regodeándonos en el auto-reproche, el acto es inútil, se vuelve en nuestra contra, mina nuestra Autoestima, nos enfrenta a nosotros mismos, y nos enzarza en una guerra en la que ambas partes son perdedoras.

Por lo expuesto, sería conveniente tomar otra actitud y dejar de insistir en ese castigo maquiavélico y perverso.


En el segundo caso creemos, equivocadamente, que no hablando de ello, negándolo, o tratando de olvidarlo, dejará de molestarnos, se diluirá en el pasado y dejará de pedirnos cuentas. Un error. También.

El que no nos acordemos conscientemente de ello no quiere decir que no nos afecte de un modo inconsciente.

Y no hay que olvidar que el 99% de nuestros actos y pensamientos, se gestan y construyen en el inconsciente o lo inconsciente.

En realidad, latentes y asomándose sólo de vez en cuando, esperan una explicación que les redima del pesar que les apesadumbra al saber que vivieron actos o actitudes que negamos.

Se sienten culpables y sin saber por qué.

Son cosas que hicimos hace tiempo –por tanto no las hizo el yo de hoy sino un yo del pasado- y que se hicieron en su momento sin mala intención y sin mejor conocimiento, por las que nos exigimos responsabilidades como si fuéramos expertos.

Esos yo’s que ahora rechazamos, de los que se arrepiente nuestra conciencia, no entienden que en su momento fueran una decisión nuestra y en cambio ahora sean apestados de los que es mejor renegar. Se sienten traicionados y abandonados.

Mientras, se van alimentando de nuestra Autoestima, y la van minando poco a poco.

Ahora, cuando se pueden asomar a nuestra memoria, dan un zarpazo a nuestro corazón, y nosotros reaccionamos tratando de esconderlos de nuevo en lugar de acogerlos, o de reconocerlos en vez de negarlos, y les condenamos al silencio sin aclaraciones en vez de hablarles para darles una explicación de lo sucedido.

Sus porqués no obtienen respuestas.

Esos yo’s que una vez fuimos, injustamente acusados, buscan reconciliarse de nuevo, quieren hacernos ver que forman parte de las experiencias por las que hemos tenido que pasar, que son parte innegable de nuestro pasado, que necesitan ser comprendidos y acogidos, que no merecen nuestra desaprobación porque no les tocó hacer la parte más agradable, que son yo’s tan nosotros mismos como los otros yo’s a los que ensalzamos.

Una de las formas útiles de reconciliarnos con nuestro pasado, del que somos, no lo olvidemos, responsables únicos, es la que expongo:

Se trata de conseguir una relajación adecuada, en un sitio en el que no vayamos a ser molestados, con bastante tiempo libre disponible, y en el modo que tengamos por costumbre hacerlo.

Una vez relajados, sin ninguna expectativa de lo que “tiene” que suceder –porque si nuestra mente está pendiente de que suceda algo concreto no será una relajación auténtica, y puede que nos estemos “inventando” lo que suceda a continuación-, y sin ninguna prisa –quizás no suceda algo la primera vez o tarde en aparecer, y, además, es conveniente repetir el ejercicio en varias ocasiones porque cada ocasión nos puede mostrar algo más-, y sin permitir que la mente consciente intervenga tratando de analizar lo que está sucediendo –porque si dejamos que una parte del consciente intervenga, entonces no estamos en el lugar del inconsciente al que queremos llegar-, entonces es el momento de observar qué yo va apareciendo, y qué nos cuenta.

Para que sea eficaz, es conveniente no estar pendiente de lo que suceda con una parte de nuestra consciencia que quiera acudir a la relajación para tomar nota de lo que suceda. Porque en ese caso no se alcanzaría el acceso correcto a lo inconsciente, y porque lo importante de este trabajo se produce en el encuentro con los yo’s y en ese nivel, que es donde está el conflicto, y no se elabora en el pensamiento o la razón. No hay que estar pendiente de que no se olvide nada de lo que vaya a suceder. De lo que haya que acordarse, se acordará uno.

La primera regla es que hay que ponerse a la altura física de quien aparezca –si es un niño, hay que agacharse hasta que nuestros ojos estén frente a los suyos-; la segunda es que hay que escuchar lo que nos quiera decir, con palabras o sin ellas, con gestos o con sentimientos, y no hay intervenir hasta que termine. No hay que estar a la defensiva, ni culpabilizar a algo o alguien ajeno –las circunstancias, el destino, los otros, etc.-, sino explicar, en un tono sosegado y de modo que esté a su nivel intelectual, el porqué de aquello que le tocó hacer, o sea, de lo que se hizo en aquel momento.

Las explicaciones, básicamente, son las mismas para todos. “Hiciste lo que creíste que tenías que hacer, o lo que suponías que eras lo mejor, o lo que permitieron hacer las circunstancias, con el conocimiento y la experiencia que tenías entonces. Te lo agradezco igualmente, aunque el resultado no fue el que esperaba. Te acojo con amor en mi vida porque formas parte de mí”. El texto se debe modificar al gusto de cada uno, porque si uno se habla con palabras que no son suyas, o de un modo que no es habitual, el yo puede creer que no hay sinceridad.

También es interesante tener unas preguntas preparadas, para ver si se puede conseguir respuestas que nos clarifiquen alguna duda.

Cuando se termine “la conversación”, cuyo final no hay que precipitar para que quede perfectamente resuelto, hay que ofrecer un abrazo al yo, y si lo acepta, podemos dar el asunto por resuelto.

Si acepta el abrazo, que sería lo lógico, conviene que sea muy real, que lleve todo el amor que seamos capaces de transmitir, que sea lo más sincero que hayamos hecho en nuestra vida, y si notamos que nos abraza con la misma pasión que nosotros ponemos, o captamos una sonrisa, un asentimiento, una relajación en su gesto, una palabra que nos lo confirme, entonces es momento de disfrutar el abrazo, de saborear la reconciliación, y entonces es cuando hay que apretar más el abrazo, hasta que el yo se integre en nosotros y pase a formar parte indisoluble de nosotros, dejando de ser un ser etéreo que vaga perdido.

Si no lo acepta, tal vez sea porque no se crea lo que le estamos diciendo, así que puede ser que falte sinceridad por nuestra parte, o que esté demasiado resentido. Lo que hay que hacer es volver otro día, para ver si se ha ablandado y ha comprendido nuestra intención y voluntad.

En cualquier caso, cuando tengamos la sensación de que ya está resuelto conviene comprobarlo, haciendo preguntas directas como, por ejemplo: ¿Qué necesitas?, o: ¿Qué puedo hacer por ti?, o: ¿Te queda alguna duda?

Hay otra versión de este ejercicio, que es buscar intencionadamente uno de esos yoes con los que queremos relacionarnos especialmente porque queremos arreglarlo. En ese caso podemos llamarle, o “forzar” un poco, sólo muy poco, la imaginación para que se presente. Y si no llegamos a verle con forma, pero le intuimos, es suficiente. El proceso posterior es el mismo.

No pienses en lo que has leído. Sólo observa si en algún momento durante estos últimos minutos has sentido dentro de ti, de un modo que no necesita explicación, que todo esto puede ser verdad y puede ser así.

En ese caso, y si lo deseas, ponlo en práctica...