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domingo, 9 de noviembre de 2014

ARBOLES SAGRADOS



Un Árbol Sagrado es aquel que tiene un significado especial, de carácter religioso/espiritual, para una comunidad. Hay dos maneras de entender el árbol sagrado, como especie y como individuo. Algunos pueblos consideran sagrada una especie determinada; de ese modo, los africanos adoran el baobab, como los celtas adoraban el roble. En cambio, algunas comunidades eligen un ejemplar determinado, como el ahuehuete de Oaxaca, en México, o el espino de Glastonbury, en Inglaterra.

Por otro lado, no podemos dejar de lado los árboles sagrados mitológicos, como el roble de Thor o el ciprés de Kashmar, e incluso especies consideradas fuentes de inmortalidad, como el melocotón en China o el manzano en la antigua Grecia.

La adoración a los árboles es la tendencia a crear mitos de los árboles por parte de muchas culturas.

ESPECIES SAGRADAS:

En la actualidad, sólo unas pocas especies de árboles son consideradas sagradas, pero, en la Antigüedad, muchas, por su utilidad, escasez, tamaño o resistencia, se establecieron como sagradas para evitar su tala. Una lista muy abreviada de especies sería la que aparece a continuación. En África hay numerosas especies sagradas para tribus concretas que requerirían un estudio más profundo.

Abedul: asociado al dios Belenus en la mitología celta y a la diosa Frigga en la mitología nórdica, aparece mencionado en el Kalevala para dar forma al arpa de Vainamoinen.

Abeto: asociado a la Navidad, sustituye en la mitología nórdica al fresno Yggdrasil, que fue derribado por san Bonifacio y plantó un abeto como símbolo del amor eterno de Dios. Por su forma triangular, representa la santísima Trinidad en el cristianismo. Otras leyendas hablan de un niño salvado de la nieve por un abeto gigantesco o de un árbol caído que únicamente respetó a un abeto. Empezó a usarse como árbol de Navidad en el siglo XVI en Europa.

Acacia: en el Antiguo Egipto, fue el árbol sagrado de Hathor, diosa del amor y la belleza, y más tarde de Isis, diosa madre y diosa de la magia. Se cree que el Arca de la Alianza y el Tabernáculo de los hebreos estaban hechos de madera de acacia, árbol que para los hebreos representaba la inmortalidad del alma. Los masones lo consideran símbolo de pureza y entereza del alma, y plantaron una en el lugar donde fue asesinado Hiram, arquitecto del templo de Salomón. 

Es famoso el árbol del Teneré, en Níger, una vieja acacia que sobrevivió hasta 1973 en el desierto del Sahara.

Acebo: era sagrado para los druidas, que aconsejaban meterlo en las casas como protección contra hadas y duentes, y aún hoy se usa con este fin. En la mitología celta, el Hombre Verde pudo proceder de un personaje mucho más antiguo, el Rey del Acebo. Los romanos los asociaban al dios Saturno, y celebraban las saturnales durante el solsticio de invierno, en lo que luego sería la Navidad cristiana.
Ahuehuete: es una especie de ciprés de río que vive miles de años en México, donde se considera árbol nacional. 

Hay varios famosos, aunque el más importante es el que se conoce como árbol del Tule, en Oaxaca, de unos dos mil años de edad.

Álamo: en Mesopotamia y Grecia se le relacionaba con los muertos. Heracles llevaba una corona de hojas de álamo cuando descendió al Averno. En la mitología celta se le llamaba aeda, “el que evita la muerte”. En la Odisea aparece como uno de los tres árboles de la resurrección, junto con el aliso y el ciprés, y en la Edad Media se corrió el mito de que la cruz de Cristo estaba hecha de madera de álamo.

El álamo negro estaba consagrada a Hécate, diosa de la muerte en Grecia. En Roma, la ninfa Egeria, diosa de las fuentes, era “la del álamo negro” y tenía un bosque sagrado a la entrada de Roma.

Aliso: en la Antigüedad se asoció a Cronos. En la mitología galesa se asoció al dios cuervo Bran; se decía que la rama más alta del aliso era la cabeza oracular cantora de este dios. En la Odisea, es mencionado como uno de los árboles de la resurrección, junto con el álamo y el ciprés. Se cree que había una arboleda sagrada de alisos junto al complejo megalítico de Rollright Stones, en los Midlands ingleses.

Ashoka: es un árbol del bosque tropical lluvioso (Saraca asoca), importante en las tradiciones culturales del sucontinente indio, donde se considera sagrado, especialmente en la India y en Sri Lanka. Está estrechamente asociado con las yakshini, seres míticos del hinduismo, el budismo y el jainismo. Es fácil encontrar a estos seres con cuerpo de mujer a la entrada de los templos budistas e hindúes, con los pies en el tronco y las manos sujetando las ramas de un árbol ashoka florecido.

Avellano: era el árbol del conocimiento y la justicia para los celtas, aunque la especie más productiva fue introducido en Europa por los griegos. Los celtas castigaban a quienes cortaban avellanos o manzanos por considerarlos árboles sagrados. En Islandia, se consideraba un árbol de fertilidad. Las varitas de avellano se usan para encontrar agua.

Baobab: es considerado sagrado en numerosos lugares de África, de ahí que se haya respetado y se encuentren en muchos lugares ejemplares gigantescos. En Madagascar es famosa la Avenida de los baobabs; en Namibia, los bosquimanos aseguran que son árboles del revés, arrojados así por la divinidad desde el cielo; en Senegal, los griots, guardianes de la memoria de los pueblos, son enterrados al pie de un baobab.

Ceiba: es el árbol sagrado de los mayas, que unía el mundo subterráneo de Xibalba con el mundo de los vivos y situaba una en cada uno de los cuatro puntos cardinales. En la santería, su orisha es Iroko.

También es sagrada para los abakuás, una cofradía cubana formada por descendientes de esclavos de Nigeria, de la tradición yoruba.

Ciprés: su madera ha sido sagrada desde la Antigüedad, ya que con ella se construyó el arca de Noé y parte del templo de Salomón. Era adorado en el reino de Saba. En Grecia, se convirtió en el árbol de la muerte, consagrado a Saturno y más tarde a Plutón. La náyade Thyia, madre de los cipreses, dio nombre a la tuya. Las puertas de los templos griegos y romanos se hacían de ciprés, como están hechas las de San Pedro en el Vaticano. En el zoroastrismo estaba consagrado a Ormuz. 

El ciprés de Kashmar es un árbol mítico de legendaria belleza y gigantescas dimensiones mencionado en el Shahnameh o Libro de los reyes persas.

Encina: fue árbol sagrado en todo el Mediterráneo. Zeus meditaba debajo de una encina. En el santuario de Dodona, el murmullo de las hojas de una encina ayudaba al oráculo. En España, en Ayala (Álava), y otras localidades, se encuentran santuarios de Nuestra Señora de la Encina.

Espino: árbol de duendes y druidas, marca la entrada al otro mundo en la mitología celta. Estaba asociado a la diosa Olwen, la del blanco rastro, y a Blodeuwed. En Glastonbury hay un espino, el espino de Glastonbury, que se dice que procede del cayado de José de Arimatea y, cuando florece, una de sus ramas se regala a la reina de Inglaterra. La Virgen de Arantzazu, patrona de Guipúzcoa, fue encontrada sobre un espino albar por un pastor.

Fresno: en la antigua Grecia se consideraba símbolo de la justicia divina. Estaba asociado a la ninfa Andrasteia, hija de Océano, y a Poseidón, pero donde más relevancia alcanza es en la mitología escandinava, ya que el árbol del mundo, Yggdrasil, es un fresno. Se dice que es el único árbol al que no se acercan las serpientes y que san Patricio las expulsó de Irlanda con una vara de fresno.

Garoé: fue el árbol sagrado de los bimbaches, antiguos habitantes de la isla de El Hierro, en las Canarias. Se cree que podría haber pertenecido a la especie Ocotea foetens.

En la tumba de Tutmosis III, el rey se alimenta del árbol sagrado del sicómoro.

Higuera: se cuenta que hay tres higueras sagradas, la que prestó la hoja para cubrir las partes pudentas de Adán y Eva, la que protegió a Buda mientras meditaba y la que utilizaba Hathor para alimentar a los peregrinos en el Antiguo Egipto, aunque en su caso fue un sicómoro, el Ficus sycomorus o falsa higuera. Son tres variedades distintas y la única que sigue conservando su carácter sagrado es la higuera sagrada de la India (Ficus religiosa) o Akshayavat, bajo uno de cuyos ejemplares, del que se conservan retoños, alcanzó la iluminación el Buda.

Kadam: árbol tropical, el Neolamarckia cadamba, sagrado para los hindúes. En el norte de la India está asociado a Krishna, mientras que en el sur lo está a Parvati. Aparece mencionado en el Bhagavata Purana. En el mes de Bhaadra (sexto mes del año hindú, entre el 23 de agosto y el 22 de septiembre) se celebra el festival de la recolección de Karam-Kadamba, donde se hacen servir ramitas del árbol y donde se recuerda el viejo reino de Kadamba. El kadam también se asocia a una deidad llamada Kadambariyamman; en este sentido hay uno a la entrada del templo de Meenakshi, en Madurai.

Kalpavriksha (Devanagari: कल्पवृक्ष), también conocido como kalpataru, kalpadruma y kalpapādapa, es un árbol imaginario, mitológico, mencionado en la literatura sánscrita como árbol divino, fuente de todos los deseos. En Mangaliyawas, cerca de Ajmer, Rajastán, hay dos árboles de más de ochocientos años reverenciados como kalpavrikshas. En el Padma Purana se dice que este árbol es el parijat, otro árbol sagrado. En Joshimath hay un kalpavriksha que es una morera, pero en otros lugares se identifica con un baniano (Ficus benghalensis), otro tipo de higuera, y en zonas costeras incluso se dice que es un cocotero, por su capacidad de satisfacer las necesidades humanas.

Laurel: es el árbol del amor en la antigua Grecia, ya que el mito cuenta que Dafne fue convertida en laurel para escapar a los amores ciegos de Apolo. Cuando el dios lo descubre, lo declara árbol sagrado.

Manzano: en la antigua Grecia, era el símbolo de Afrodita, y en jardín de las Hespérides había un bosquecillo de manzanos cuyo fruto tenía el don de la inmortalidad; además, estaba consagrado a Ceres, diosa de la agricultura. Muchas interpretaciones de la Biblia lo consideraban el árbol prohibido, pero es difícil estar seguro, ya que podría haber sido una higuera. En la isla de los Bendecidos, del mito artúrico, hay un manzano sagrado, del que proceden las tres manzanas mágicas que tienen un papel importante en la mitología celta.

Mirto: es más un arbusto que un árbol. Aparece en numerosas ocasiones en la Biblia; en hebreo, su nombre significa "dulzura". Para los persas, era símbolo de alegría. Su nombre en griego significa "perfume" y, junto con la rosa, estaba asociado a Afrodita. El mirto se usaba en muchas celebraciones. En Roma incluso había una Venus Murcia, relacionada con Murtia, diosa del mirto.

Olivo: está en el origen de Atenas y en el huerto de Getsemaní. Es símbolo de inmortalidad, de resurrección y esperanza. Dice el mito que cuando los persas cortaron el olivo sagrado del Erecteion, en Atenas, en una noche creció un palmo, para demostrar la fuerza de los atenienses. Fue el emblema de las Olimpiadas de 2004 en Atenas, para representar la importancia que tenía en la Antigüedad.

Olmo: estaba asociado a la muerte y a la idea del renacimiento. Los griegos decían que el primer bosquecillo nació a la vuelta de Orfeo del infierno. Era el árbol de Hermes, estaba consagrado a Saturno, y en Europa del Norte, era el árbol de los duendes que vigilaban los túmulos de los muertos.
Palmera datilera: ha sido venerada en el Antiguo Egipto por sus dátiles y como símbolo de renacimiento. Su importancia era tan grande que pasó al cristianismo como símbolo de renacimiento.

Hay muchas variedades; una de ellas, la palmera de Doum, Hyphaene thebaica, representaba al dios Thot y su semilla se ha encontrado en numerosas tumbas de los faraones; otra, la Roystonea o palma real, es árbol sagrado en Cuba.

Pārijāta: árbol celestial de la mitología hindú, se identifica con el árbol del coral (Nyctanthes arbor-tristis). Aparece en el paraíso del dios Indra, entre otros mitos.

Pino: en el Antiguo Egipto, estaba relacionado con Osiris, que se personificaba en un pino para enseñar el cultivo de las vides y los árboles frutales. En Grecia y Roma estaba consagrado a Dioniso.

El dios Pan aparece coronado con ramas de pino. En la mitología celta, es un árbol benévolo, que ayuda a descansar al viajero.

Roble: por su grandiosidad, muchas culturas lo han considerado árbol de los dioses. Probablemente, Zeus descansara bajo un roble en lugar de bajo una encina, aunque es difícil diferenciarlos en los mitos porque ambos pertenecen al género Quercus. En Roma estaba consagrado a Júpiter. El dios Esculapio lleva un bastón con una rama de roble como símbolo de Zeus. En la mitología báltica, el dios Perkunas estaba consagrado al roble; como Perun en la mitología eslava. En la Galia celta, Esus era el dios del roble. Los robles sagrados son comunes entre los druidas, que usaban los árboles viejos para sus rituales. Entre los robles famosos se encuentra el roble de Mamre, en Hirbet es-Sibte, a 2 km al sudoeste de Mamre, en Cisjordania, Israel, también conocido como árbol de Abraham, donde cuenta la tradición que el profeta se encontró con tres ángeles.

Sándalo: es un árbol sagrado en Oriente, donde se asocia al Buda Amitābha, el de la luz infinita, del que se hacen las estatuas con madera de sándalo. Los rosarios budistas tibetanos se hacen de cuentas de sándalo, como los del tantrismo budista. En China y Japón se quema en los templos, y en India en los de Shiva y Visnú. El sándalo despierta la kundalini y conecta los chakras.

Sauce: en la mitología griega, Perséfone tenía un bosquecillo de sauces en el infierno, y la bruja Circe tenía un cementerio de sauces dedicado a Hécate. En la mitología sumeria, Bel era dios del sauce, convertido en Belenos en la mitología celta, donde el sauce estaba asociado a la muerte.

Tejo: árbol sagrado para los antiguos cántabros. Aún hoy se encuentran tejos milenarios en el centro de algunos pueblos de Cantabria, que eran lugares de reunión donde se celebraban las reuniones y concejos. El tejo es un árbol venenoso (hojas, fruto, savia...) y los antiguos guerreros cántabros en sus guerras contra el Imperio Romano llevaban siempre consigo un preparado del mismo para cometer suicidio en caso de caer en manos del enemigo.

Zapis: es un árbol que en los pueblos de Serbia consideran sagrado y que suele hallarse en las cercanías. En su corteza, se graba una cruz y la gente acude al árbol, generalmente un roble, para rezar. Es una antigua tradición.

Ziziphus spina-christi: se dice que es la especie de espino del que se hizo la corona de espinas de Jesucristo. Tiene una especial importancia para los judíos, pero también para cristianos y musulmanes.



MITOLOGIA NORDICA:

Siendo países donde los bosques son predominantes, los países del norte de Europa siempre han sentido adoración por los árboles y han llevado al ámbito de los sagrado a un buen número de ellos.
Templo de Upsala, con la cadena de oro, la fuente y el árbol, por Olaus Magnus Historia de Gentibus Septentrionalibus (1555).

Barnstokkr: árbol que crece en el centro de la sala del rey Volsung. Aparece mencionado en los capítulos 2 y 3 de la Saga Volsunga. No está claro si es un manzano o un roble.

Roble de Thor o roble Donar, árbol sagrado de la tribu germánica de los chatti.

Glasir: árbol o arboleda descrita como la más bella entre los dioses y los hombres, cuyas hojas doradas relucen en el reino de Asgard, fuera de las puertas del Valhalla. Aparece mencionado en las Eddas.

Irminsul: es un pilar que unía el cielo y la tierra, representado por el tronco de un roble. Podría estar relacionado con el fresno Yggdrasil y con el árbol sagrado de Upsala. Dice la leyenda que Carlomagno lo hizo cortar para imponer el cristianismo a los bárbaros.

Læraðr: árbol de la mitología nórdica identificado a veces con Yggdrasil. Aparece en las Eddas.
Mímameiðr: árbol que extiende sus ramas por toda la tierra conocida, inmune al fuego o al hacha, lleva el fruto que ayuda a las mujeres preñadas y en su copa se encuentra el gallo Víðópnir. Aparece en la Edda poética.

Árbol sagrado de Upsala: fue un árbol sagrado que se encontraba en el templo de Upsala, en Suecia, en la segunda mitad del siglo XI. No se sabe qué especie era, pero se cree que era un tejo. También podría ser un bosquecillo.

Yggdrasil: es un fresno perenne, el árbol de la vida que une los nueve mundos, desde Asgard, en lo más alto, a Jötunheim, el mundo de los gigantes, y Helheim, el reino de los muertos.

En muchas culturas indígenas, los árboles se consideran los curanderos del reino vegetal. Como el árbol la vía del guerrero consiste en permanecer enraizado y contenido; ser flexible al viento y, sin embargo, estable. En muchas culturas los árboles simbolizaban el proceso de transformación. Las raíces de los árboles están asociadas con el pasado, con nuestra forma de honrar nuestro legado y a nuestros antepasados. El tronco simboliza la vida presente y revela si la fuerza de vida y el espíritu creativo están activos o no. Las ramas simbolizan los objetivos que deseamos conseguir en el futuro, y si se trata de un árbol florido o frutal, la consecución de esos objetivos. El guerrero, como el árbol, honra el pasado, el presente y el futuro.


miércoles, 16 de abril de 2014

LA MUJER QUE SUBIO A UN ARBOL PARA EVITAR SU TALA Y NO BAJO EN DOS AñOS


“Nadie tiene derecho a robar al futuro para conseguir beneficios rápidos en el presente. Hay que saber cuándo tenemos suficiente…” 

– Julia Butterfly Hill, en su libro “El legado de Luna”.



Cuando Colón pisó América por primera vez, Luna (una secuoya de 60 metros de altura) tenía ya 500 años. El 10 de diciembre de 1997 cuando su tronco sobrepasaba los 1000 anillos, el destino y una motosierra se cruzaron en su cepa. Julia "Butterfly" Hill, una activista de 23 años, decidió interrumpir lo inevitable y encaramándose al árbol impidió la inminente tala. Pasó 738 días entre sus ramas y sin poner un solo pie en tierra obligó a la compañía maderera, tras durísimas negociaciones, a indultar el árbol y a todos sus hermanos cercanos.

Luna es una de las milenarias secuoyas del bosque de la ciudad de Stanford en California. A finales de 1997 la Pacific Lumber Company irrumpió en la arboleda de 60 mil hectáreas para iniciar la deforestación de uno de los ecosistemas más importantes de la zona. Pero en su camino se topó con una tozuda mariposa.


Julia Butterfly Hill nació el 18 de febrero de 1974 en Arkansas. De familia muy humilde estudió en su casa hasta los 12 años. Su padre era un predicador itinerante y su casa una caravana que compartía con sus tres hermanos. La vida nómada y ambulante y la influencia paterna la educaron en la escasez y el pragmatismo.


LA MARIPOSA Y JULIA...


Cuenta en su biografía que cuando era ya una adolescente, en una de las asiduas caminatas por la naturaleza con su familia, una mariposa aterrizó en su hombro y permaneció con ella durante todo el trayecto…metáfora de la aventura de su vida sirvió también para acompañar su nombre para el resto de sus días.

Pero fue con 22 años y una experiencia traumática a modo de grave accidente de tráfico lo que convirtió a Julia en la activista verde que conmocionó a un país entero. El percance dejó graves secuelas cerebrales que requirieron un lento proceso y terapia intensiva. La proporción y el valor del tiempo cambiaron para siempre en Julia que dedicaba sus largas horas de rehabilitación a la contemplación subversiva de los fastuosos bosques Californianos. La crisálida dejó paso entonces a la mariposa.

“Me adentré en el bosque y por primera vez experimenté lo que significa de verdad estar vivo. Entendí que yo formaba parte de aquello. Poco después supe que la Pacific Lumber Maxxam Corporation estaba talando esos bosques y mi confusión fue total. Contacté con la asociación Earth First, que hacía sentadas en los árboles para impedir su tala. Así conocí a “Luna”…”


LA DURA VIDA EN EL ARBOL...


La vida en el árbol fue muy dura y cambió por completo a Julia. La idea era estar dos semanas hasta el relevo de un compañero. Pero éste nunca se produjo. Un pequeño equipo le suministraba con cuerdas y poleas los víveres necesarios para la travesía, incluyendo unos pequeños paneles solares para cargar el móvil con el que organizaba las entrevistas, captar adeptos para la causa o incluso hablar en directo con el senado norteamericano. Su pequeño hogar, a 50 metros de altura, consistía en una plataforma de tres metros cuadrados cubierta por una lona impermeable, un pequeño hornillo, un cubo con una bolsa hermética para hacer sus necesidades y una esponja con la que recogía el agua de lluvia o nieve para lavarse.

-“[…] Sí, la Pacific Lumber comenzó entonces a talar árboles a mi alrededor. Aparecieron helicópteros que me echaban chorros de agua. Quemaron los bosques durante seis días, el humo destrozó mis ojos y mi garganta, y me llené de ampollas. Luego montaron guardias día y noche para que no me pudieran suministrar comida. Acabe amargada, chillando, dando golpes, al borde de la locura. […] Para consolarme pensaba en las familias de Stanford que a causa de la tala del bosque se inundaron y se quedaron sin casa…” –Julia Butterfly Hill.

Pero lo peor estaba por llegar. En el invierno de 1998 una impresionante tormenta de más de dos semanas estuvo a punto de separar a Julia de Luna. Vientos racheados acabaron con la lona y empujaron a Julia hacia el vacío. Abrazada a la secuoya y próxima a la rendición, escuchó “la voz de la luna” recordándole que “sólo las ramas que son rígidas se rompen”. Abandonó entonces el apoyo estable para agarrar la inmadurez y flexibilidad de las verdes ramas más jóvenes que fueron las que, a la postre, resistieron el envate y con ello salvaron la vida de Julia.

Salvar esa tormenta supuso un cambio de actitud. Julia se deshizo del arnés y de los zapatos y se fundió con su entorno alcanzando su apogeo espiritual. No iba a volver a vivir con miedo. Una importante dolencia de origen vírico en los riñones la encaró de manera simbiótica, medicándose con extractos de plantas cercanas suministradas por su equipo. Conocía cada insecto, cada rincón de Luna y esto le permitió encarar con certeza y ventaja psicológica la negociación con los deforestadores que dejaron por entonces de llamarla “eco-terrorista”.


EL RESPETO DE LOS MEDIOS...


El tiempo fortaleció la imagen activista de Julia y poco a poco fue ganándose el respeto y los apoyos de muchas organizaciones ecologistas y de los medios. El desfile de famosos que subieron al árbol a visitarla fue tan grande como el impacto mediático del desafío.

El 18 de diciembre de 1999 Julia descendió de Luna con las manos verdes del musgo y los pies encallecidos, en medio de una gran ceremonia y entregando esta carta. Culminó con éxito las negociaciones con la maderera quién se comprometió no sólo a respetar a Luna y todos los árboles cercanos en un radio de 60 metros, sino a incluir una política medioambiental en todos sus futuros trabajos.

Hoy en día Julia sigue al frente de un importante grupo ecologista y activista. Ayudó a crear la ONG Circle of Life, participando regularmente en muchos de los Tree-Sit fecundados con su hazaña y desperdigados por todos los rincones del planeta verde. Contó su experiencia en la copa de Luna en el Libro “El legado de Luna” impreso en papel reciclado y bajo el sello de tolerancia ecológica “SmartWood Certified“.

“…Permaneciendo en la unidad, la solidaridad y el amor, sanaremos las heridas en la tierra y en cada uno de nosotros. Podemos marcar la diferencia positiva a través de nuestras acciones…” Julia Butterfly Hill en “El legado de Luna”

En noviembre de 2001 un desaprensivo buscador de reliquias (un infructuoso Mark Chapman) intentó cercenar a Luna y asestó un tajo con motosierra de 35 centímetros de profundidad en su cepa. Desde entonces unas gigantescas grapas consolidan el árbol.
La exitosa empresa de Julia ha ayudado a prestigiar a toda una generación olvidada para el activismo verde tan de moda en los 60’s. La fortaleza física y mental que puede proporcionar el reto de conseguir los propios ideales debe ser ejemplarizante y suficiente para desenmascarar otras actitudes de pancarta y cacerola tan incoherentes como egoístamente confortables.

Julia Butterfly Hill consiguió encontrar el desafío de su vida. ¿Cuál es tu árbol?

Julia “Butterfly” Hilles una activista y ambientalista estadounidense famosa por oponerse a la tala de una secuoya de 1.500 años a quien bautizó como Luna. Permaneció en su copa por 738 días para así evitar su tala por la empresa Pacific Lumber Company. Es autora del libro El legado de luna y One makes the difference.

LA HISTORIA DE JULIA "BUTTERFLY" HILL: