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miércoles, 14 de junio de 2017

APRENDE A TRANSFORMAR TUS EMOCIONES NEGATIVAS


Enojo, Irritación e Ira: aprende a transformar esta energía poderosa

“No te enojes”, “¡No grites!” “¡No pegues!”

¿Te has fijado cuánta energia gastas en gritar? ¿Cuánto tiempo gastas en tratar de convencer al otro? ¿Cuánto poder se te va al esperar de los demás?

Estas frases y otras semejantes son las que casi todos escuchamos mientras crecíamos. Y aprendimos, con el tiempo, a tratar de no enojarnos, de no gritar, de no sentir violencia, de esconder lo que sentíamos, etc.. Y aprendimos a juzgar el enojo. Pensamos que está mal enojarnos, que no debemos vernos molestos, y muchas veces cuando nos irritamos o algo no nos gusta solemos guardar los sentimientos de irritación para no causar caos o para que los demás no se enfaden con nosotros.

Sin embargo, conforme nos guardamos el enojo, este se va acumulando hasta que un buen día sentimos que no podemos contenerlo y explotamos, decimos todo lo que sentimos y hasta agraviamos o somos violentos con los demás, luego, la culpa.

El enojo es una emoción que no puede guardarse por mucho tiempo, este se va acumulando como una energía en nuestro cuerpo y vida que nos bloquea y no nos deja fluir, y si no lo entendemos y aprendemos de él puede causar a la larga no sólo problemas severos con las personas que nos rodean, sino sentimientos de frustración y hasta odio, emociones que no nos permiten que las cosas nuevas y grandiosas lleguen a nuestra vida, y que, además, nuestro cuerpo comience a enfermarse.

Puede que la persona con la que nos enojamos este en Hawai disfrutando la vida, ni se acuerda de lo que nos hizo, esta muy contento o contenta viviendo su vida, mientras nosotros padecemos y sufrimos las consecuencias de lo que sentimos.

Aprende de tu Enojo

Paso uno: El enojo es una emoción profunda y en verdad muy interesante, y quizá la primera cosa que hay que aprender es que no esta mal enojarnos, al contrario, es importante hacer contacto con esta emoción y aprender a escucharla. El enojo es una mensajera de las cosas que más necesitamos aprender. Si observas, todas las cosas que te hacen enojar lo hacen porque tu estas esperando mucho de la persona, la experiencia o la circunstancia.

Paso dos: La expectativa en los demás genera mucho estrés que se convierte en enojo. Cuando alguien te hace algo “muy malo”, es porque a final de cuentas tu estabas esperando que esa persona actuara o fuera de otra forma. Tu pudiste haberte sentido muy mal, pero quizá la persona seguro pensaba que estaba haciendo algún bien o almenos seguía lo que su comprensión le alcanzaba en ese momento. Aprender a no esperar de los demás, sino de uno mismo, es una de las cosas que podemos empezar a aprender. Esperamos de los padres, de los hijos, de los que nos rodean. Y hay mucho estrés en nuestro cuerpo y mente cuando estamos tratando de que las cosas sean de el modo en que creemos “esta bien”. El exceso de control de pondra muy estresado e irritable, intenando que todos sean como tu esperas.

Paso tres: renuncia a tener la razón: si te pones a pensar, puede que este bien para ti algunas cosas, pero para el otro habrá otras cosas que estén bien, y que no sean exactamente las que tu piensas o crees. Nunca acabaras de convencerlos de lo que tu piensas o eres. Te la pasarás la vida discutiendo, defendiendo tus criterios o enfadado sólo porque los demás se comportan, piensan o te dan cosas que te irritan o disgustan. Desperdiciaras una gran cantidad de energia en esto, en lugar de permitir, y empezara enfocarte en lo que si quieres.

Sabia solución al Enojo:

En lugar de esperar o querer convencer a los demás, empieza por darte lo que más pides. Observa las cosas que te gustaría que los demás te dieran y empieza por dártelas. Por ejemplo: si sientes que te faltó atención de niño, o que tu padre prefirió a tu hermano, entonces empieza tú por ser tu preferido, y date la atención y la preferencia que sientes te faltó. 

Si sientes que alguien no te da lo que quieres, o te decepcionas o frustras fácilmente con los demás, es porque en verdad necesitas ponerte atención y aprender a darte lo que quieres, o encontrar en tu vida lo que te hace sentir feliz.  ¿Lo ves? El enojo es tuyo, no de los demás.

Si estás en carencia irás a pedirle a los demás. Y si no te lo dan, te enfadarás más, y si no te lo dan ni con gritos ni enfados, podrías sentir incuso violencia. Perderás el control cuando sientas que el otro no es lo que tu estás esperando.

Cuando te sientes muy enfadado o irritable no lo descargues con los demás, ve y descarga el enojo pegándole a un cojín, caminando, pateando alguna pelota, etc. Sin dañar a nadie más ni a ti mismo. Descarga el enojo y luego observa lo que necesitas darte. Poco a poco verás que entre más te enojas, más necesitas hacerte feliz.



*Fuente, cortesia y autoria de la nota: K. Laura para Garcésvivirsabiamente.com

martes, 12 de agosto de 2014

DESVINCULATE DE LAS HERIDAS DE TU PASADO



La inclinación a vincularnos con nuestras heridas, en lugar de dejarlas atrás, hace que experimentemos constantemente la sensación de no ser dignos. Una persona que haya experimentado acontecimientos traumáticos en la vida, como una violación sexual, la muerte de seres queridos, enfermedades traumáticas, accidentes, rupturas familiares, drogadicciones y otras cosas similares, puede llegar a vincularse con los dolorosos acontecimientos del pasado y rememorarlos para llamar la atención o despertar lástima en los demás. Esas heridas de nuestras vidas parecen darnos una gran cantidad de poder sobre los demás.

Cuanto más les hablamos a otros sobre nuestras heridas y sufrimientos, tanto más creamos un entorno de compasión por nosotros mismos. Nuestro espíritu creativo permanece tan conectado con los recuerdos de nuestras heridas que no puede dedicarse a transformar y manifestar. El resultado de ello es la sensación de desmerecimiento, de no ser digno de recibir todo aquello que se desea.

La tendencia a vincularnos con las heridas de nuestras vidas nos recuerda lo poco merecedores que somos de recibir nada de lo que realmente nos gustaría tener, debido a que permanecemos sumidos en un estado de sufrimiento. Cuanto más se recuerdan y se repiten estas historias dolorosas, tanto más tiene garantizado esa persona que no atraerá la materialización de sus deseos.

Quizá la frase más poderosa que puedas llegar a memorizar en este sentido sea: 

«Tu biografía se convierte en tu biología». A la que yo añadiría: «Tu biología se convierte en tu ausencia de realización espiritual». 

Al aferrarte a los traumas anteriores de tu vida, impactas literalmente sobre las células de tu cuerpo. Al examinar la biología de un individuo, es fácil descubrir en ella su biografía. Los pensamientos angustiosos, de autocompasión, temor, odio y otros similares, cobran un peaje sobre cl cuerpo y el espíritu. Al cabo de un tiempo, el cuerpo es incapaz de curarse, debido en buena medida a la presencia de esos pensamientos.

El apego al dolor sufrido en los primeros años de la vida procede de una percepción mitológica según la cual:

«Tengo derecho a una infancia perfecta, libre de dolor. Utilizaré durante el resto de mi vida cualquier cosa que interfiera con esta percepción. Contar mi historia será mi poder». 

Lo que hace esta percepción es darle permiso al niño herido que llevas dentro para controlarte durante el resto de tu vida. Además, te proporciona una fuerte sensación de poder ilusorio.

Tenemos que ser muy cuidadosos para evitar explicar nuestra vida actual en términos de una historia traumática anterior. Los acontecimientos dolorosos de nuestras vidas son como una balsa que se utiliza para cruzar el río. Debes recordar bajarte una vez que hayas llegado a la otra orilla.

Observa tu cuerpo cuando has sufrido una herida. Una herida abierta se cierra en realidad con bastante rapidez. Imagina cómo serían las cosas si esa herida permaneciera abierta durante mucho tiempo. Se infectaría y, en último término, acabaría por matar a todo el organismo. El cerrar una herida y permitir que cure puede actuar del mismo modo en los pensamientos de tu mundo interior.

Así pues, no lleves contigo tus heridas. Afróntalas y pide a la familia y a los amigos que sean compasivos mientras te recuperas. Luego, pídeles que te lo recuerden amablemente cuando se convierta en una respuesta predecible. Quizá en cuatro o cinco ocasiones tus amigos y personas queridas te dirán: 

«Sufriste una experiencia trágica y comprendo perfectamente tu necesidad de hablar de ello. Me importa, te escucho y te ofrezco mi ayuda si eso es lo que deseas». 

Después de varias situaciones de este tipo, pídeles que te recuerden amablemente que no debes repetir la historia con el propósito de obtener poder a través de la compasión de los demás.

Al retroceder en tu camino y reavivar continuamente tu dolor, incluyendo la descripción de ese dolor y la calificación de ti mismo (superviviente de un incesto, alcohólico, huérfano, abandonado), no lo haces para sentirte más fuerte. Lo haces debido a la amargura que estás experimentando. Esa amargura se pone de manifiesto en forma de odio y cólera al hablar de esos acontecimientos, con lo que no haces sino alimentar literalmente el tejido celular de tu vida a partir de tu cosecha de acontecimientos del pasado.

Eso hace que se extienda la infección e impide la curación. Y lo mismo sucede con el espíritu. Esta cosecha de amargura te impide sentirte merecedor. Empiezas a cultivar entonces una imagen sucia, de criatura desafortunada, desmerecedora y difamada, y eso es lo que envías al universo, lo que inhibirá cualquier posibilidad de atraer el amor y la bendición a tu vida.

Aquello que te permitirá desvincularte de tus heridas es el perdón. El perdón es lo más poderoso que puedes hacer por tu fisiología y por tu espiritualidad, a pesar de lo cual sigue siendo una de las cosas menos atractivas para nosotros, debido en buena medida a que nuestros egos nos gobiernan de un modo inequívoco. Perdonar se asocia de algún modo con decir que está bien, que aceptamos el hecho perverso. Pero eso no es perdón.

Perdón significa llenarse de amor e irradiar ese amor hacia el exterior, negándose a transmitir el veneno o el odio engendrado por los comportamientos que causaron las heridas. El perdón es un acto espiritual de amor por uno mismo, y envía a todo el mundo, incluido tú mismo, el mensaje de que eres un objeto de amor y que eso es lo que vas a impartir.

En eso consiste el verdadero proceso de desvinculación de las heridas, de no seguir aferrándose a ellas como preciadas posesiones. Significa renunciar al lenguaje de la culpa y la autocompasión, y a no seguir adelante con las heridas del pasado. Significa perdonar íntimamente, sin esperar que nadie lo comprenda. Significa dejar atrás la actitud del ojo por ojo, que sólo causa más dolor y la necesidad de más venganza, sustituyéndola por una actitud de amor y perdón. Esta forma de actuar es alabada en la literatura espiritual de todas las religiones.

Sentirse digno es esencial para poder atraer aquello que se desea. Es, simplemente, una cuestión de sentido común. Si no tienes la sensación de merecer algo, ¿por qué te lo va a enviar la energía divina que está en todas las cosas? Así pues, tienes que cambiar y saber que tú y la energía divina sois una sola cosa, y que es tu ego el que se confabula para impedirte utilizar este poder en tu propia vida.

A continuación se indican algunas de las grandes actitudes y comportamientos que puedes incorporar a tu conciencia para facilitar el crecimiento de tus sentimientos de merecimiento.

UN PLAN QUE TE AYUDARÁ A VER QUE ERES DIGNO DE RECIBIR 
Y ATRAER DESDE LA FUENTE DIVINA

Las siguientes sugerencias representan un plan paso a paso para intensificar tu receptividad al poder de la manifestación en tu vida. Si lo pones en práctica, no cabe la menor duda de que te sentirás digno de la bendición del espíritu divino que lo abarca todo.

• La palabra «inspiración» significa literalmente «estar infundido de espíritu», o en el espíritu, si se quiere.

Practica hacer aquello que te guste, y procura que te guste lo que haces cada día. Si vas a hacer algo, concédete el beneficio de no quejarte y, en lugar de eso, muestra cariño por esa actividad. Tu lema aquí ha de ser: 

«Me gusta lo que hago, y hago lo que me gusta». Eso te sitúa «en el espíritu» 

Esto te proporciona literalmente el entusiasmo para ser un receptor digno de la gracia de Dios. La palabra entusiasmo procede de la raíz griega entheos, que significa, literalmente, «estar lleno de Dios».

Haz todos los esfuerzos posibles por eliminar de tu vocabulario y de tu diálogo interior los hábitos internos de pesimismo, negatividad, juicio, quejas, murmuraciones, cinismo, resentimiento y crítica destructiva. Sustitúyelos con optimismo, amor, aceptación, amabilidad y paz como forma de procesar tu mundo y a las personas que hay en él.

Al margen de lo mucho que te sientas tentado de retroceder hacia hábitos cínicos, recuerda que esa es la energía que estás enviando al mundo, y que con ello transmites un mensaje que bloquea la energía que te devolverá lo que deseas. Si estás lleno de negatividad, te encuentras desequilibrado y tus resentimientos indican que no te sientes digno o preparado para aceptar la energía amorosa que deseas.

Procura encontrar cada día un momento de tranquilidad para erradicar los sentimientos de indignidad. Ese tiempo de oración o meditación, o de experimentar simplemente el silencio, alimentará tu alma y eliminará finalmente todas las dudas que puedas abrigar acerca de no merecer el ser beneficiario de la abundancia del universo.

Lee literatura espiritual y poesía, y escucha música clásica suave siempre que te sea posible. He descubierto que el simple hecho de leer la poesía de Walt Whitman, de Rabindranath Tagore o de Rumi, hace que todo se sitúe en una perspectiva más sagrada para mí.

"Procura rodearte, en la medida de lo posible, de cosas bellas."

Practica la amabilidad para contigo mismo y para con los demás, con toda la frecuencia que te sea posible.

Abandona tu necesidad de tener razón y de ganar; en vez de eso, sé amable, y pronto conocerás la bendición de la paz interior. Recuerda que tu yo superior sólo desea paz. Al practicar la amabilidad, la paz aparece inmediatamente. Al estar en paz contigo mismo y con tu mundo, sabes que eres un digno receptor de todo lo que se cruza en tu camino. Empiezas a confiar entonces en la energía que aporta la realización de tus deseos.

Si te encuentras en un estado de confusión y, en consecuencia, te preocupa ganar o perder, te hallas a merced de tu propio ego, al que le encanta la confusión. Toda esa confusión interna hace que te cuestiones a ti mismo y tu valía en comparación con otros. Y eso trae consigo la duda acerca de si eres o no digno de recibir y manifestar.

Ponte la meta de ser cada día amable con los demás, al menos una vez, y extiende ese mismo privilegio hacia ti mismo, tanto como te sea posible. Siempre tienes una alternativa acerca de cómo va a reaccionar tu espíritu. La alternativa de la culpabilidad, la preocupación, el temor o el juicio no es más que un pensamiento que se transfiere a tu fisiología. Cuando tu yo físico se ve desequilibrado por estas emociones, te sientes demasiado enfermo e infeliz como para pensar siquiera en participar en el acto de la co-creación de una vida bienaventurada. Te saboteas a ti mismo, y todo por la falta de voluntad para ser amable contigo mismo y con los demás.

Empieza a considerar el universo como un lugar amistoso, antes que enemistoso. Sitúa en la categoría de «lecciones» todas las heridas de las fases anteriores de tu vida. Deja de verte condicionado por esas heridas y de convertirlas en un brazalete identificativo.

Desvincúlate de la actitud de que este mundo es maligno, está lleno de gente mala, y empieza, hoy mismo, a buscar el bien en la gente con la que te encuentres. Recuerda que, por cada acto de maldad, hay millones de actos de amabilidad. Este universo funciona con la energía de la armonía y el equilibrio. Inspira para absorber esa energía y elimina de tu mente y tu corazón la idea de que eres una víctima. Toda vinculación con tus traumas crea una toxicidad celular en tu cuerpo y un envenenamiento espiritual de tu alma.

• Repítelo una y otra vez, hasta que quede bien grabado:

«Soy lo que soy, y soy digno de la abundancia que hay en el universo, y de todo lo que hay en él, incluido yo mismo».

Te encuentras ahora en el camino de saber que eres merecedor de atraer y manifestar en tu mundo. Eres consciente de tu yo superior. Confías en ti mismo y en la sabiduría divina que te ha creado. Sabes que no estás separado de tu entorno, y que dentro de ti existe el poder para atraer.


~ Wayne Dyer

lunes, 26 de mayo de 2014

HOSPITAL ANGELICO DEL AKASHA


HOSPITAL ANGÉLICO DEL AKASHA REGENTADO POR LA ENERGÍA DEL ARCÁNGEL GABRIEL. REEQUILIBRIO DEL PLANO EMOCIONAL.

Sesiones de reequilibrio energético a distancia (sanación a distancia).

De lunes a viernes: Días 26, 27, 28, 29 y 30 de mayo de 2014.


A petición del Arcángel Gabriel, a partir del próximo lunes, día 26 de mayo, y durante cinco días, hasta el viernes, 30 de mayo, se abrirán las puertas del Hospital Angélico del Akasha regentado por su energía.

El Arcángel Gabriel rige el plano emocional, por tanto, esta vez el hospital tratará de reequilibrarnos este plano dentro de nosotros que conecta con el de todo nuestro entorno.

Os recuerdo las palabras del Arcángel Rafael, el sanador por excelencia que reúne todas las energías sanadoras de los distintos Ángeles y Arcángeles que ofrecen su sanación, en su último mensaje, ya que es de suma importancia que tengamos presente este concepto esencial:

"He de deciros que, aunque a nuestra escribiente le sigue gustando la palabra "sanación" por estar más popularizada entre vosotros, aquí la más acertada es la de "reequilibrio energético", dado que sanar significa que existe algo insano. No existe nada insano en vosotros, sino que por múltiples razones, habéis olvidado vuestra SALUD y BIENESTAR PERFECTOS. Somos nosotros, mediante diferentes técnicas que muchos ya conocéis, y si nos dais vuestro permiso, quienes podemos reequilibraros para que podáis experimentar dicha salud y armonía"

Es un placer para mí realizar este servicio con todo el Amor del que soy consciente AQUÍ y AHORA. Gracias a todos por recibir y compartir este mensaje de sanación.

INSTRUCCIONES:

- Son cinco sesiones en días consecutivos, comenzando el lunes, continuando el martes, miércoles, jueves y finalizando el viernes, que serán los días que estarán abiertas las puertas del Akasha correspondientes al Hospital Angélico regentado por Gabriel.

- Elige el momento más oportuno para ti del día en cuestión, un lugar tranquilo, una postura cómoda, a ser posible tumbado. La hora que elijas estará bien.

- Da el permiso diciendo: DOY MI PERMISO PARA RECIBIR REEQUILIBRIO DEL HOSPITAL ANGÉLICO DEL AKASHA.

- Relájate y disponte a recibir. Hay personas que sienten calor, cosquilleo, energía recorriendo el cuerpo, visiones de cómo trabajan los ángeles, intensa relajación, alegría, se quedan dormidos, lloran, etc. Esto no es igual a todos ya que cada cual siente cosas diferentes. Si no sientes nada, no importa, la energía está trabajando igualmente.

- También se puede elegir el momento de antes de dormir, repitiendo la frase del permiso y dormir. Los ángeles harán su labor durante el sueño. Es posible que a la mañana siguiente te despiertes renovado, diferente, que hayas tenido algún sueño vívido, etc. Es bueno anotar el sueño para tratar de comprender el mensaje que tiene para ti. A veces estas sanaciones van acompañados de mensajes, consejos o guía en relación a algún asunto que esté ocurriendo en nuestras vidas y necesita un pequeño ajuste de percepción por nuestra parte.

Estas sesiones están disponibles para todo el mundo que así lo desee, pero será la persona interesada quien deba dar el permiso y recibirlas. Es decir, nosotros podemos ofrecer las sesiones a personas que conocemos y les pueden servir pero han de ser ellas mismas, con su libre albedrío, quienes han de dar el permiso y recibirlas. NO DES PERMISO EN NOMBRE DE NADIE QUE NO SEAS TÚ MISMO.

Si conoces a alguien que crees le servirá, háblale de ella abiertamente para que dé su permiso y si no es posible, díle a los ángeles, con tus propias palabras o pensamiento, que se encarguen de esa persona y su situación. Ellos lo harán respetando su libre albedrío.

Cada sesión puede durar de media hora a una hora, dependerá de cada caso, y así se sentirá, también si se realiza durante el sueño.

GRACIAS POR COMPARTIR.

(Este servicio es gratuito, gracias por compartir la gratuidad)

*Fuente, creditos y cortesia de la nota:  Alhama Marcos.

Sesiones Vivenciales del Akasha. Afirmaciones desde el Ser Superior. Sesiones Angélicas desde el Akasha (alhamamarcos@hotmail.es)