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viernes, 19 de julio de 2013

LA RENOVACION DEL AGUILA


El águila , es el ave que posee la mayor longevidad de su especie. Llega a vivir 70 años. Pero para llegar a esa edad ,a los 40 años de vida tiene que tomar una seria decisión. A los 40 años:

Sus uñas curvas y flexibles , no consiguen agarrar a las presas de las que se alimenta.

Su pico alargado y punteagudo , también se curva.

Apuntando contra el pecho están las alas , envejecidas y pesadas por las gruesas plumas.


! Volar es ahora muy difícil !

Entonces el águila , tiene sólo dos alternativas: Morir , ….. ó enfrentar un doloroso proceso de renovación que durará 150 días.
Ese proceso consiste en volar hacia lo alto de una montaña y refugiarse en un nido, próximo a una pared , donde no necesite volar.

Entonces,apenas encuentra ese lugar ,el águila comienza a golpear con su pico la pared , hasta conseguir arrancárselo.
Apenas lo arranca ,debe esperar a que nazca un nuevo pico con el cual después ,va a arrancar sus viejas uñas.

Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, prosigue arrancando sus viejas plumas.

Y después de cinco meses ,sale victorioso para su famoso vuelo de renovación y de revivir,y entonces dispone de 30 años más.


A veces nos preguntamos:
? Por qué renovarnos ?

Situaciones parecidas nos suceden a lo largo de la vida. Hay momentos en que parece que ya hemos dado en nuestro trabajo (familia, comunidad, grupo apostólico, parroquias) todo lo que teníamos. Pareciera como si hubiéramos agotado nuestra creatividad y que ya no tenemos mucho que aportar.

Nuestra vida suele verse gris y envejecida. ¡Estamos en un punto de quiebre!. O nos transformamos como las águilas o estaremos condenados a morir. La transformación exige, primero, hacer un alto en el camino,tenemos que resguardarnos por algún tiempo. Volar hacia lo alto y comenzar un proceso de renovación.




Solo así podremos desprendernos de esas viejas uñas y plumas para continuar un vuelo de renacimiento y de victoria. Y ¿cuáles son esas plumas y uñas de las que tenemos que desprendernos?. Pues, cada uno puede identificarlas fácilmente en sus vidas: son aquellas actitudes, vicios y costumbres que nos impiden el cambio, que nos atan al pasado, a la mediocridad a la falta de ánimo para empezar la lucha.





En otros puede tratarse de resentimientos, complejos, baja o alta autoestima, que nos nublan la vista y la capacidad de ser objetivos con nosotros mismos. Debemos desprendernos de costumbres, tradiciones y recuerdos que nos causan dolor. Solamente libres del peso del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que una renovación siempre trae. En nuestra vida, muchas veces, tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación. Y asi reanudar para obtener un vuelo victorioso, no sin antes desprendernos de ataduras ,costumbres y otras tradiciones del pasado.


Y TU, ESTAS LISTO PARA EMPRENDER EL VUELO? ..........





viernes, 5 de julio de 2013

EL AVE FENIX



EL AVE FÉNIX:

El fénix, correspondiente al Bennu (ave mitológica del Antiguo Egipto), es un ave mitológica del tamaño de un águila, de plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de fuerte pico y garras. Se trataba de un ave fabulosa que se consumía por acción del fuego cada 500 años, para luego resurgir de sus cenizas. Según algunos mitos, vivía en una región que comprendía la zona del Oriente Medio y la India, llegando hasta Egipto, en el norte de África. Muy presente en la poesía árabe.

Fue asociado a las crecidas del Nilo, a la resurrección, y al Sol. El Fénix ha sido un símbolo del renacimiento físico y espiritual, del poder del fuego, de la purificación, y la inmortalidad. Según el mito, poseía varios dones, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas. Fue citado por los sacerdotes egipcios de Heliópolis, el griego Heródoto, los escritores latinos Plinio el Viejo, Luciano, Ovidio, Séneca y Claudio Claudiano, o los cristianos Pablo de Tarso, el Papa Clemente de Roma, Epifanio o San Ambrosio.

CUANDO RESURGIR ES LA UNICA ALTERNATIVA:

En algunas ocasiones, la vida nos presenta acontecimientos que nos mueven todas las estructuras que hasta ese momento habíamos construido para mantenernos en pie, y nos muestra, de manera cruda y repentina, que debemos cambiar el rumbo. Incluso, sentimos que si no lo hacemos rápidamente, corremos el riesgo de sucumbir como el Titanic cuando chocó contra aquel iceberg, en la fatídica historia cuyo desenlace todos conocemos.

Es como sí los acontecimientos ocurrieran de manera tal que nos dijeran que la vida que llevamos, tal y como está, debe cerrar, y con ese cierre, abrirle paso a nuevas experiencias y sobre todo, a una nueva visión de las cosas. El problema radica en que nos negamos a dejar partir la vida que teníamos, a soltar lo que era parte de nuestra cotidianidad, para abrirle paso a nuevas vivencias… Sin embargo, y este es el centro de lo que deseo transmitir hoy, la vida se negó a dejarnos alternativa. No queda otra posibilidad que recomenzar porque nada de lo que constituía nuestra visión de las cosas quedó en pie. Esta es mi reflexión del día de hoy.

Y para profundizarla, pienso en el mito del Ave Fénix, el cual tiene raíces egipcias, griegas y judeocristianas. Veámoslo un poco: El origen del Ave Fénix viene de los desiertos de Libia y Etiopía. Aun así, su nombre proviene del griego «phoinix» que significa rojo. Se le consideró un animal fabuloso, el Ave Fénix se consumía por acción del fuego cada 500 años, y un Ave Fénix nueva y joven surgía de sus cenizas. Para el pueblo griego consistía en un pájaro que, con sus alas perfumadas de deliciosos olores, se dirigía hacia el altar del sacerdote Heliópolis, donde se incendiaba el mismo con el fuego. Al día siguiente de su muerte, aparecía un gusano pequeño en el mismo lugar que se transformaba un día después en un gran pájaro adulto. El Fénix ha sido un símbolo del renacimiento físico y espiritual, del poder del fuego, de la purificación, y la inmortalidad. Según el mito, poseía varios dones, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas.

Según la leyenda cristianizada, el ave Fénix vivía en el Jardín del Paraíso, y anidaba en un rosal. Cuando Adán y Eva fueron expulsados, de la espada del ángel que los desterró surgió una chispa que prendió el nido del Fénix, haciendo que ardieran éste y su inquilino. Por ser la única bestia que se había negado a probar la fruta del paraíso, se le concedieron varios dones, siendo el más destacado la inmortalidad a través de la capacidad de renacer de sus cenizas. Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias y hierbas aromáticas, ponía un único huevo, que empollaba durante tres días, y al tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave Fénix, siempre única y eterna. Esto ocurría cada quinientos años.

Lo que deseo rescatar del mito del Ave Fénix es esta imagen de un ser que, cada cierto tiempo, necesita resurgir de sus cenizas, después de que, ya agotado y viejo, no puede continuar su vida. Esta visión tan poderosa, nos muestra que en ciertas ocasiones, la vida nos pone en duras pruebas que nos agotan y nos hacen sentir que todo acabó, y necesitamos reinventarnos y redefinir nuestra vida tal y como estaba para poder seguir adelante. Estas pruebas pueden venir en forma de accidentes, enfermedades, rupturas de relaciones, pérdidas económicas, o hechos aún más profundos, como pérdidas de movilidad corporal, por ejemplo. Sin embargo, como el Ave Fénix, debemos darle paso al nacimiento de un nuevo ser a partir de nosotros mismos, que logre adaptarse a la manera cómo la vida nos exige que enfrentemos las cosas.

Otro detalle hermoso del mito tiene que ver con el poder sanador que tienen las lágrimas del Fénix sobre cualquier herida, que nos muestra la necesidad de llorar la pérdida, de vivir el duelo de esa situación, de forma tal de soltar la tristeza y el dolor de lo ocurrido, para tomar fuerzas y levantarnos de nuevo.

Desde las cenizas de las situaciones dolorosas, seguros debemos estar, de resurgir cada vez que la vida nos ponga pruebas que lo exigan....

Mi alma saluda a tu alma…